FOTOS HISTORICAS

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SANATORIO ESPAÑOL, HOY GRAVIDA

jueves, 27 de marzo de 2014

CLUB LA ESPERANZA



VERDE: COLOR DE ESPERANZA

Con este titulo publicó la revista “Sucesos en 30 dias”  de fecha 20 de octubre de 1978 el artículo que se transcribe en parte,

La historia de todas las instituciones de nuestro medio, nacen generalmente iguales. Ya sea en una esquina de barrio o, en torno a algún lugar similar, como en el Caso de Sportivo La Esperanza, que el 19 de Octubre de 1978 cumplió 59 años de existencia, jalonados de una intensa labor que no conoce pausas y que en algún momento abrasó con enorme entusiasmo al fufbol, pero que luego con el correr del tiempo comenzó a sentir la necesidad de crecer socialmente y se embarcó en una        empresa llena de riesgos como fue trasladarse desde su lugar de origen hasta la periferia urbana, fue mucho más que un desafío que la gente albiverde aceptó gustosa para poder demostrar a los ojos de quienes no creyeron una realidad que fue posible concretar con mucho esfuerzo, fe y amor por su Club.

Los memoriosos dicen que ésta institución anunció un de octubre de 1919 a las ocho horras merced al entusiasmo de un grupo de deportistas, del campo La Esperanza que con el fin de fundar el club se reunieron en el almacén del Sr. José Chuscuela era la zona, un lugar difícil para tratar de imponer un club, puesto que el fútbol no había ganado aún muchos adeptos. Pero por otra parte la gente del lugar tenía otras diversiones, sin embargo no se amedrentaron los jóvenes del lugar y lucharon hasta conseguir que el club fuera el lugar obligado de todos.

Su primera comisión directiva estuvo integrada de la siguiente manera: Presidente José Francisco Grimoldi,  Vice-presidénte: Jaime Armengol, Secretario: Abelardo H. Villarruel, Pro-secretario: Domingo Elizalde, Tesorero: José Grau. Pro-tesorero: Juan Serradell y vocales: Diego Bian, Ramón Yaniselli, Pedro Silvestre, Manuel Gaimetea(h), Antonio Bianchini, intendente de campo Mario Murcia, revisadores de cuentas Carlos Biain y José Cuscuela Figueras. La primera sede del club fue el almacén El Refugio que luego al reconstruirse se denominó La Rosada, desaparecido hace algunos años y las primeras reuniones bailables se efectuaron en la propiedad del Sr.  M.  Gamietea, con lo cual se fueron los últimos recuerdos del club ahora ubicado sobre la ruta pavimentada a Rio Tala.

A pesar de haber consultado a mucha gente no se sabe con seguridad el porque de la elección de los colores verde y blanco, pero lo que sí sabemos el porque del ancla que adorna su escudo y que alguna vez ostentó en su camiseta. Las colonias La Esperanza propiedad de Castro Velez Sarfield poseían en cada entrada de estancia una ancla y en virtud de que el movimiento para fundar el club nació en la gente que desempeñaba labores en dichos lugares es que se adoptó el nombre y la ya famosa ancla.

Podría afirmarse sin ningún temor que el verdadero y real despegue de esta institución comienza años más tarde cuando se afincan en el lugar ya expresado o sea en el conocido almacén. Entre las cosas distintas que tuvo La Esperanza en estos jóvenes 59 años, puede citarse un hecho que por inusual merece tenerse en cuenta: con casi los mismos miembros funcionaban dentro del club dos comisiones, una social y otra deportiva. Más en 1969 una asamblea determinó la fusión de ambas que en lo sucesivo trabajarían regidas por la CD. que a su vez trabajaba apoyada por distintas sub-comisiones. Justamente en ese año se festejaron las bodas de oro del club con una serie de actos y festejos de las mas variadas Índoles llevadas a cabo en el lugar donde dieran sus pasos iniciales con un marco de público que aún se recuerda por su imponencia.

Eran otras épocas y el club era el lugar obligado de citas y reuniones. Sin embargo estaba en la mente de muchos socios notables de la Esperanza buscar nuevos rumbos, partiendo de la base que mucha gente emigraba y que cada vez eran menos los vecinos del paraje. Por ese motivo fue que en una asamblea celebrada el 5 de mayo de 1974 con carácter de extraordinaria se decide adquirir dos terrenos a los Sres.  A.  Rebert y P. Noat, ambos constantes luchadores y permanentes miembros directivos que también eran en gran medida dos de los más férreos luchadores para conseguir el afincamiento definitivo de la institución en el radio urbano. Los terrenos comprados son los que ocupan actualmente.

Hasta aquí la historia en la zona rural.

lunes, 3 de marzo de 2014

CONMOVEDOR DATO HISTORICO




Vista aerea del campo de batalla




Confirman que los argentinos caídos en Obligado fueron sepultados en el campo de batalla

  En el combate del 20 de noviembre de 1845, en Vuelta de Obligado, partido de San Pedro, murieron más de 250 argentinos en defensa de la soberanía nacional y algo más de 30 marinos anglo-franceses pertenecientes a la flota invasora.
  Uno de los grandes interrogantes que ha girado alrededor de este feroz combate fue el destino que tuvieron los cuerpos de los valientes soldados que al mando de Lucio Mancilla perdieron la vida aquel histórico día.

Conjeturas
 
  El Grupo Conservacionista de Fósiles es el equipo que junto a la Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Pedro, coordina el Museo de Sitio “Batalla de Obligado”, lugar que investiga permanentemente los detalles de este suceso. Sus integrantes han considerado, desde siempre, tres posibles conjeturas al respecto:
a-    que hayan sido incinerados por las fuerzas enemigas (hecho no mencionado en ningún documento)
b-    que hayan sido arrojados al río Paraná (ninguna versión señala semejante cantidad de cuerpos en las aguas del río)
c-    que hayan sido sepultados en el lugar (por razones sanitarias y de consideraciones militares, se perfiló siempre como el razonamiento más acertado)
  José Luis Aguilar, Director de Cultura de San Pedro expresa que “considerando los altos riesgos de epidemias, infecciones y enfermedades que podían ocasionar más de 250 cadáveres en descomposición, es lógico suponer que los comandantes anglo-franceses ordenaran deshacerse de semejante problema dado que la flota debió permanecer varios días en el lugar recomponiendo sus naves.
  Si bien este hecho no parecía discutible, faltaba su confirmación documental y la forma en que lo habrían hecho los marinos enemigos”.


Un parte de guerra revelador

  Algunas fuentes bibliográficas mencionan ciertos enterramientos en el sitio del combate como, así también, el traslado de un número incierto de cadáveres al antiguo cementerio de San Pedro donde fueron depositados algunos de los cuerpos por inquietud de sus familiares. Esto, sin dar mayores precisiones y, en algún caso, con serias contradicciones.
  Sin embargo, una carta analizada recientemente en el Archivo General de la Nación por el equipo del Museo Batalla de Obligado, ha aportado el dato definitivo y documentado respecto del destino del mayor número de los caídos en el histórico combate.
 
En una amarillenta carta del 16 de diciembre de 1845, escrita desde Santos Lugares (cuartel general de Rosas) por su primer edecán, Manuel Corbalán, y dirigida al General Mancilla, éste señala que tiene orden del Gobernador Juan Manuel de Rosas “de avisar a V. S. el recibo de su nota 12 del corriente, cuya suma es dar cuenta a S. E. de haber estado en las baterías los días 10 y 11 del corriente, haber hecho un reconocimiento general de todo el campo y baterías, si estaban bien sepultados los cadáveres de nuestros soldados, haciendo recoger todos los proyectiles y útiles que se han encontrado y expresa las medidas que ha tomado para la vigilancia de la costa…”
 
 
A criterio del periodista y escritor Eduardo Campos, integrante del Grupo Conservacionista de San Pedro, “el parte indica que el Gral. Mancilla, exactamente 20 días después del combate (y no cuarenta como señalan muchas fuentes) volvió al campo de batalla con dos prioridades en mente:
a-recuperar todo lo que le sirviera para seguir combatiendo
b- comprobar algo que, sin duda, sus espías ya le habían adelantado: ver personalmente si los anglo-franceses habían enterrado correctamente a los muertos argentinos en combate.”
 
  El hecho de que Mancilla en su carta escriba “si estaban bien sepultados”, señala que el Comandante del Departamento del Norte ya sabía que la flota enemiga había enterrado a sus hombres muertos en el combate y que su preocupación estaba en observar si esto había sido hecho dentro de los márgenes razonables.
  
  Esta carta da por finalizada una duda de 169 años respecto del destino que tuvieron los muertos federales, abriendo una nueva línea de investigación ya que, estudios futuros, podrían llegar a determinar el lugar exacto, dentro del actual “Parque Histórico Natural Vuelta de Obligado”, donde se encuentran sepultados los restos de ese importante número de héroes.
El documento digitalizado ya se puede ver y descargar desde www.gcfsanpedro.wordpress.com, en la solapa “Museo de Sitio Batalla de Obligado”.

***La Dirección de Cultura de la Municipalidad de San Pedro y el Grupo Conservacionista de Fósiles agradecen a las autoridades y personal del Archivo General de la Nación por su excelente predisposición.