FOTOS HISTORICAS

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AFILADORA DE MAQUINAS DE AFEITAR

lunes, 30 de septiembre de 2013

LA MISA DEL ALBA


El viejo hospital y la viejas volantas

Los árboles dibujaban extrañas figuras. El contorno de la fuente cobraba una belleza distinta. La larga noche invernal se prolongaba y la niebla que cubría la plaza desierta intentaba apagar el sonido de las campanas del Socorro, que llamaban a la primera misa; adentro, las sombras se confundían en la semipenumbra del templo que tenía iluminado sólo el altar mayor. . Todo parecía cambiar durante esa ceremonia rezada en un latín que obligaba a esforzarse para no confundir sus secuencias. Un particular resplandor envolvía los viejos altares enmarcados entonces por el dorado de sus maderas cuidadosamente trabajadas.

La silueta oscura de la Dolorosa con su rostro afilado mostrando la herida de su corazón de plata y la trágica imagen de Santa Inés en su caja de cristal, adquirían una realidad más inquietante. Hasta las monedas de la limosna sonaban cómplices de ese secreto. El clásico repiqueteo de cascos anunciaba la llegada de la vieja volanta del Hospital que transportaba a las hermanas de San Camilo, con sus hábitos negros y sus cruces rojas sobre el pecho. Bajaban ágilmente y se incorporaban al limitado grupo de fieles, acaso buscando fuerzas para su diaria tarea de enfermeras. Al acercarse a comulgar para dirigirse luego a su ya acostumbrada ubicación, las monjas se movían acompasadamente respondiendo a un ritual reiterado por años, con sus sobresalientes tocas que casi impedían distinguir sus rostros.

Después de la bendición partían silenciosas y subían a la volanta que se perdía en la niebla: las esperaba la actividad febril de ese mundo reservado para quienes están dispuestos a entregar su capacidad y su vocación de servicio. Honraron ese voto de amor al prójimo día tras día desde principios del siglo pasado, hasta que una decisión de su propia orden les impuso un nuevo destino. El 28 de diciembre de 1964, San Pedro las despidió definitivamente con una misa en la gruta del Hospital.

Pasó el tiempo. La antigua volanta es una anécdota y las hermanas de San Camilo ya pertenecen a la historia sampedrina. Algunas normas religiosas se renovaron y el interior del templo luce hoy modificado. Pero todavía la niebla pretende apagar el sonido de las campanas, y cuando desciende sobre la plaza con su cerrado misterio, parece ocultar aquellos viejos recuerdos de la misa del alba.

Colaboración: Julia McInerny

viernes, 27 de septiembre de 2013

CELULOSA JUJUY


Corría el año 1961 y la administración municipal estaba a cargo del Intendente Rolando González, siendo su secretario el señor Adolfo S. Porta, cuando el directivo de una firma especializada en la elaboración de pasta para papel decide recorrer la zona para  instalarse sobre el río Paraná.
En el transcurso de esas gestiones, es que recorren primero la costa de Ramallo y luego la de San Pedro, donde ubican un lugar que a ojos vista resultaba muy apropiado para el proyecto, por lo que se pusieron en contacto con los dueños de los mismos que resultaron ser: por una parte la más elevada del terreno la firma Plácido Martínez Sobrado y la más baja pertenecientes al Municipio de San Pedro.
Realizadas las gestiones ante las autoridades municipales para obtener la autorización para llevar adelante el proyecto, éstas dictan una ordenanza donando dichos terrenos bajo ciertas condiciones, entre ellas que la firma Plácido Martínez Sobrado venda los de su propiedad, lo que es aceptado por éstos, de cuya negociación pasan a integrar el Directorio de la empresa.

De inmediato se inicia el montaje de la fábrica a cargo del Ingeniero Bertil Kindgars, que en 1962 comienza con la fabricación de papel, cuya inicial bobina, es exhibida durante un tiempo en la ciudad en las vidrieras de la firma Plácido Marínez Sobrado.
Fueron parte integrante de la empresa como trabajadores a las órdenes del Gerente General Ingeniero Guillermo Kul, el siguiente personal: Miguel Marra, Adolfo Saúl Porta, Juan Ángel Gorini, Domingo Gorini, Roberto Mobiglia, Hugo Epelde y Tito Nouet.
 Una año más tarde se da comienzo a la fabricación de pasta mecánica, manteniendo dicha actividad hasta el año 1969 en que se incorpora un nuevo equipamiento ampliando la producción papelera.

A pesar de todos los tropiezos que todo establecimiento fabril conlleva a lo largo de su vida, Celulosa Jujuy pudo en 1980 poner en marcha su máquina Nº 3, con el objetivo de incrementar su producción y mantenerse en actividad a pesar de los distintos problemas que debió enfrentar, que finalmente la llevaron a la quiebra quedándose con la misma la firma Celupaper S. A. que en agosto del 2000 la empresa José Juan Yapar S.A., dueño de una de las empresas más destacadas del mercado celulósico del país, de origen santafesino, adquirió a aquella empresa las instalaciones con la intención de poner nuevamente en marcha la planta de Celulosa Jujuy para el mes de noviembre.

Al respecto un conocido dirigente gremial aclaró que la firma compradora se encontraba en el tercer lugar en el país en cuanto a producción de papel tisú. Y que “Si San Pedro realiza las inversiones que hacen falta, tendremos una planta potable para el mercado para competir con Protisa que está en Zárate, y Celulosa Campana que está en Lima”.
El resto es actualidad con los problemas propios de todas las empresas que funcionan en el país.

Fuente: Historia Documental de San Pedro Américo PIccagli

jueves, 19 de septiembre de 2013

TESTAMENTO DE LA Sra. MARÍA A. DE GOMENDIO

                                 
En el juzgado civil de la capital federal, ha sido iniciada en la presente semana la valiosa testamentería de Da. María Aroza de Gomendio.
La causante carece de herederos forzosos y por tal motivo dispone de sus bienes, en el testamento, con entera libertad. Hace una serie de legados a diversas personas é instituye única y universal heredera del remanente de los bienes a doña María Eufemia San Sebastián.

Donado por la Sra. María A. de Gomendio
9 de julio entre Salta y Rivadavia
He aquí los bienes de la sucesión: Un establecimiento de campo poblado, en General López (Santa Fé), con una superficie de 10.759 hectáreas, un campo en San Nicolás (Buenos Aires) de 1.349 hectáreas, dos manzanas en el pueblo de Maggiolo (Santa Fe), dos solares en el partido de San Pedro; una finca en el mismo; dos lotes en San Nicolás; y una innumerable cantidad de fincas, chacras, fracciones de terreno, solares etc. todo poblado y edificado, la mayor parte en el partido de Ramallo. Además las acciones y derechos a varios terrenos y fracciones de terreno en los mismos puntos citados.

Fuente: El Independiente octubre 21 de 1906

domingo, 15 de septiembre de 2013

UN PEQUEÑO COLABORDOR

Un niño de 10 años acerca un valioso fósil de mastodonte al Museo Paleontológico. Federico Gustavo Epelde es un niño muy interesado por los animales que habitaron nuestra zona en diferentes épocas de la prehistoria. Como todo pequeño de su edad, tiene 10 años, siente admiración por esas grandes bestias que caminaron el suelo de San Pedro hace miles de años. Cierto día, su tío Gilberto Epelde, le obsequió una gran pieza fosilizada de unos 6 kilos de peso y casi medio metro de longitud que él mismo había encontrado en una vieja cantera abandonada en inmediaciones del basural.

Federico, entusiasmado con el sensacional regalo, lo tuvo un tiempo. Lo admiraba a diario, lo tocaba y lo volvía a observar. Sin embargo, sentía que su habitación no era el lugar donde debía estar aquél tesoro. Sin dudarlo, le pidió a su familia que lo lleven al Museo porque él quería que el fósil fuera admirado y compartido por todos los sampedrinos. Mastodontes La gran pieza fósil acercada por Federico es parte de un húmero de un mastodonte (Stegomastodon platensis), un género de “elefante” prehistórico que se agrupó en manadas que vagaban pastando por la llanura pampeana durante el Pleistoceno, luego de haber ingresado a América del Sur una vez consolidado el istmo de Panamá, provenientes de América del Norte.

Los mastodontes fueron herbívoros de talla similar a la de los elefantes asiáticos actuales, grandes consumidores de hierbas y follaje de ciertas plantas autóctonas y poseedores de un esqueleto conformado por sólidos huesos que debían soportar su gran peso, superior a las 4 toneladas. En la región pampeana se desarrolló la especie Stegomastodon platensis, habitando amplios espacios verdes, clima benigno y terrenos llanos, aprovechando una gran abundancia de alimentos. En la zona cercana a la cordillera habitó Cuvieronius, mejor adaptado a climas más rigurosos, terrenos en mayores altitudes y una dieta basada en vegetales de montaña.

En San Pedro, en ciertas ocasiones, el Museo ha recuperado diferentes piezas correspondientes a estos grandes mamíferos. La más destacada ha sido un impresionante “colmillo” o defensa de 2,23 metros de longitud y 85 kilogramos de peso. El loable y desinteresado gesto de Federico Epelde de haber donado este nuevo fósil, contribuye a seguir engrandeciendo la colección del Museo Paleontológico de San Pedro y marca un joven ejemplo a seguir.

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿DONDE ESTÁN LAS ARAÑAS?


GENEROSA DONACIÓN

La señora Villar de Pérez Millán ha reglado para nuestra iglesia dos hermosas arañas, que  han sido colocadas en la nave central.

Iglesia en el año 1934
Donaciones de esta clase honran muchísimo a las personas que las hacen y son un verdadero estimulo  para muchas familias y personas, que debieran imitar el desprendimiento y la buena voluntad  de esas almas generosas, que de un modo práctico embellecen nuestro hermoso templo con sus dádivas y generosas donaciones.




Fuente: Periódico  El independiente noviembre de 1900

lunes, 2 de septiembre de 2013

FELINO RARO


RESTOS DE UN RARO FELINO FÓSIL EN SAN PEDRO

Representa un nuevo género para la colección del Museo Paleontológico y un nuevo registro para la provincia de Buenos Aires
Hace unos meses, la familia de Alberto Vela, excavaba un pozo séptico en su propiedad ubicada en el barrio “Las Canaletas”.

De pronto, observaron entre los sedimentos removidos un pequeño hueso de tan sólo 8 centímetros de longitud. La profundidad a la que se lo encontró, unos 3 metros, despertó su curiosidad. Sin dudarlo, su sobrino, Carlos Ramírez, lo acercó al Museo Paleontológico para su identificación.
Desde el Museo se realizaron las comparaciones habituales y se observó que podía pertenecer a algún tipo de felino similar a los gatos salvajes que hoy habitan diferentes regiones de nuestro país.

Animales muy raros en los registros fósiles de la región pampeana.

El pequeño fósil fue remitido a uno de los mayores especialistas en carnívoros del Pleistoceno pampeano para su observación, el Dr. Francisco Prevosti, del Museo Argentino Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.
Prevosti opina que “el fósil encontrado es una ulna (antebrazo) izquierda, sin su extremo distal, posiblemente asignable al género Herpailurus.

Estos felinos, hoy en serio riesgo de extinción, cuentan con escasos registros fósiles, entre los que se pueden mencionar la presencia de H. yagouaroundi en el Lujanense de Brasil y Herpailurus en el Bonaerense de la Región Pampeana (oeste de la Provincia de Buenos Aires).
La especie viviente de este género tiene una amplia distribución que va desde el Norte de Patagonia hasta el sur de América del Norte, pero está prácticamente ausente en la Región Pampeana.

Herpailurus, un gato salvaje

Herpailurus es un mamífero carnívoro perteneciente a la familia Felidae, que actualmente se distribuye desde el norte de la Patagonia argentina y parte de Chile, hasta el sur de Estados Unidos.
Son animales cazadores que aprovechan una dieta muy variada que comprende batracios, roedores, algunos peces, liebres y conejos; entre otras presas. Se los conoce por variados nombres comunes entre los que podemos mencionar: gato onza, león breñero, yaguarundí o leoncillo, entre muchos más de acuerdo a la zona.

El cuerpo alargado de estos felinos, que llegan a medir algo más de 1,20 metros, contando la cola, les brinda una gran agilidad y velocidad. Despliegan una gran actividad nocturna, fortalecida por agudos sentidos como la vista y el oído. Pesan entre 6 y 10 kilogramos y su pelaje pardo rojizo le permite mimetizarse muy bien con su hábitat que, por lo general, comprende sectores boscosos, sabanas y pastizales.

Si la determinación del fósil hallado en San Pedro es correcta, este género habría vivido en el noreste de la provincia de Buenos Aires en algún momento del pasado”, aportando un valioso dato a aquellos investigadores que intentan seguir el rastro evolutivo de estos carnívoros.

El Museo agradece la valiosa colaboración de la familia Vela y del Dr. F. Prevosti.