FOTOS HISTORICAS

FOTOS HISTORICAS
FOTOGRAFÍA TOMADA EN INGENIERO MONETA

martes, 27 de septiembre de 2016

FÓSIL ATACADO POR TERMITAS

Descubren restos de un mamífero fósil atacados por termitas prehistóricas
Son restos de un Toxodon, animal que habitó la llanura pampeana durante el Cuaternario. Fueron hallados en una cantera a 3 kilómetros de San Pedro

La excavadora de la empresa extraía toneladas de tosca en el predio ubicado a 3 kilómetros de la ciudad de San Pedro. Decenas de metros cúbicos se cargaban en los camiones que aguardaban con sus cajas vacías, la carga que luego se distribuiría en caminos o basamentos de construcciones de la zona.
El  Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo que coordina el Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, recorría el lugar, cuando uno de sus integrantes, Matías Swistun, observó que la pala de la retroexcavadora estaba a punto de romper “algo” que afloraba en el corte artificial de terreno.
El equipo solicitó a la empresa unas pocas horas para poder resguardar el fósil que acababa de asomar entre las rocas. En poco tiempo, pudieron observar que ese “algo”eran los restos fosilizados del brazo de un Toxodon, un gran mamífero que habitó la llanura pampeana hasta hace unos 8.500 años atrás.



Sorpresa en el Museo

Una vez que los restos fosilizados llegaron al Museo, se les realizó la preparación habitual para poder observar detalles, identificar las piezas y evaluar su potencial valor científico. Sin embargo, los fósiles recuperados reservaban una sorpresa…
Entre los huesos había tres enormes falanges de los dedos del animal, algunos metápodos que conformaban la mano del mamífero, la ulna (cúbito, en los humanos) y el radio.
Pero el detalle que atrajo la atención del equipo del Museo fueron unas extrañas marcas presentes en los huesos del antebrazo del animal, que mostraban, claramente, señales de haber sido devorados por algún animal prehistórico.
Las marcas de las mordidas, distribuidas en diferentes sectores de la superficie del fósil, se presentan en patrones con forma “estrellada”, con líneas radiales que parten desde un mismo punto. Dicho patrón se repite en varios sectores y son notorias a simple vista. A su vez, algunas se agrupan o superponen unas con otras, conformando una especie de “mancha” calada en el hueso fosilizado que las hace más notables aún, comenta José Luis Aguilar, Director del Museo de San Pedro.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

JORGELINA BARBICH

SIMPLEMENTE JORGELINA
REPORTAJE PUBLICADO EN LA REVISTA “SUCESOS EN TREINTA DÍAS” DIRIGIDA POR EL SEÑOR SERGIO SABINO”
¿Anécdotas?  Podríamos contar centenares. ¿Quién en San Pedro no conoce a Jorgelina?...  Jorgelina simplemente,   como la llaman sus enfermos.   Una mujer  que,   tras un continente severo y por momentos riguroso,  esconde una timidez de  colegiala  y una bondad a toda prueba Jorgelina  huye a la notoriedad;   cuando fuimos a verla para hacer una crónica -de su labor como enfermera - se despojó de todo mérito y dijo que "Yo pienso que hay muchas otras enfermeras que merecen ser entrevistadas en lugar mío".   Al final transó,   no porque  la hayamos  convencido  sino porque se dio  cuenta que de esa manera nos  ahorraba un disgusto.   Y Jorgelina no lo hubiera soportado porque -salvando las distancias- está demasiado habituada a lograr que la gente deje atrás sus disgustos y sus problemas.

Aunque todos   la conocemos por Jorgelina, su apellido es Barbich. Nació en Las Canaletas, un barrio que recuerda con mucho cariño porque allí pasó los primeros  años de su vida.   Su padre venía de San Fernando; su madre,  de una colonia italiana recién llega da a nuestras costas. Le preguntamos cuando empezó su carrera como enfermera y nos dice qué  a los  14  años ya trabajaba en un sanatorio,  pero aún antes, a los 10 años, cuidaba dos viejitos de apellido Soriano que vivían cerca de su casa, en Las Canaletas.  Más tarde  comenzó a trabajar como ayudante de anestesista en el Hospital, cuando todavía estaban las Monjas,  no recuerda bien en que año. No  tiene presente haber trabajado nunca muy lejos del Dr. Kaiser o del Dr. Eliceche, cuando éste estaba en el Hospital,  pese a que jamás fue empleada ni percibí sueldo alguno del Hospital; siempre lo hizo ad-honórem:   cuando lo necesitaban la  llamaban y por lo general era para ayudar en la anestesia de los pacientes.

Puede decirse, sin temor a las grandilocuencias,   que Jorgelina tiene toda una vida de enfermera. Le preguntamos por el ritmo de trabajo que lleva actualmente y sonríe como restándole  importancia;   de 8 a  12 y de  15  a  19 en los papeles;   en la realidad,  mucho más que eso...Le preguntamos por las enfermeras más capaces que ha conocido y nos di ce que hubo muchas; pero tiene más presen te a una italiana llamada Emma Carrega, que fue compañera suya en un sanatorio y a quien siempre recuerda con simpatía, Ahora es Jefa de enfermeras pero -aclara- "esto no significa   que  sepa más que la    otras",   frase que la pinta de cuerpo en te  ya que únicamente  alguien muy humilde y con mucha madurez puede llegar a decir eso.

Le preguntamos si ha  ganado mucho dinero y la respuesta es inmediata:   "La parte material me ha tenido sin cuidado.   Uso el dinero como se usa el agua,  el fuego o los alimentos;   lo uso por que es necesario y    porque cumple una función,  pero nada más. Nunca me interesó y no hice nada para acumularlo.   Pero en lugar de dinero,  he ganado muchos amigos,  que me enorgullece.  Es algo muy lindo salir a la calle y encontrar gestos de agradecimiento. Esa es  realmente mi mayor fortuna.  Y mi mayor placer naturalmente es que el enfermo se cure..."
Le preguntamos por San Pedro,  y nos dice que naturalmente quiere mucho a esta ciudad donde han crecido sus hijas y donde se formó como enfermera.   "Quiero  a San Pedro porque me dio todo",  expresa. "Me dio inclusive el cariño de la gente y eso sí que es bien mío y no me  lo puede quitar nadie..."

Jorgelina Barbich. Jorgelina para los que sufren,  para los que tienen fé, para los que esperan algo bueno de la vida. Simplemente, Jorgelina Una enfermera de gran capacidad profesional,  cargada de humanidad y rodeada de afecto y agradecimiento.  Decir Jorgelina es decir todo. Y aunque sabemos que su modestia le impedirá aceptar esta nota sin incomodarse, esperamos que entienda que hay mucha gente  que  la  quiere y que toda esa gente, y no nosotros, son los autores de esta nota.   ¡Gracias, Jorgelina;  gracias por todos ellos...!