FOTOS HISTORICAS

FOTOS HISTORICAS
AFILADORA DE MAQUINAS DE AFEITAR

martes, 29 de junio de 2010

NARANJAS GRATIS


Fin de semana naranja-morado
San Pedro apuesta a sus productos frescos
En una iniciativa conjunta de la Municipalidad, CAPROEM y el INTA, se está preparando para el próximo fin de semana largo del 9 de Julio una promoción intensa de naranja y batata como productos con identidad sampedrina. Hoteles, restaurantes y la peatonal estarán en el centro de la escena.

Entre el 9 y el 11 de julio se regalarán 2000 naranjas en 6 hoteles y 12 restaurantes y bares, con una explicación de las bondades de este fruto tan característico de nuestro partido. Además, durante todo el sábado 10 de julio en un stand instalado en plena peatonal, habrá demostraciones a cargo del Chef local Néstor Robles, quien compartirá los secretos de dos postres que invitan a posicionarse como dos marcas dulces de la ciudad. La atención estará a cargo de jóvenes que rendirán un examen luego de una capacitación sobre las propiedades e historia de estos productos en nuestro partido.

Esta iniciativa, que lleva poco más de un mes de trabajo intenso de articulación entre CAPROEM, INTA y la Municipalidad de San Pedro, busca ser el puntapié de una serie de trabajos destinados a contribuir a la construcción de una imagen positiva de las cualidades de las principales frutas y hortalizas producidas en la zona, con énfasis de batata, naranja, arándano y durazno. En tal sentido, se está trabajando en otras líneas de acción vinculada al relevamiento de información que permita profundizar el conocimiento para saber cómo aportar al consumo de los mismos, en articulación con los prestadores turísticos, y en algunas líneas incipientes a nivel educativo.

Contacto:
Municipalidad de San Pedro – Norberto Atrip – produccionsanpedro@arnetbiz.com.ar
CAPROEM – Horacio Frangi – caproemsp@redsp.com.ar
INTA – Nora Francescangeli – nfrances@correo.inta.gov.ar – Teléfono: 03329-424074/423321

sábado, 26 de junio de 2010

THOMAS ALVA EDISON


El mago de Menlo Park


Nació en Milan el 11 de febrero de 1847, Falleció en West Orange el 18 de octubre de 1931

Inventor norteamericano, el más genial de la era moderna. Su madre logró despertar la inteligencia del joven Edison, que era alérgico a la monotonía de la escuela. El milagro se produjo tras la lectura de un libro que ella le proporcionó titulado Escuela de Filosofía Natural, de Richard Green Parker; tal fue su fascinación que quiso realizar por sí mismo todos los experimentos y comprobar todas las teorías que contenía. Ayudado por su madre, instaló en el sótano de su casa un pequeño laboratorio convencido de que iba a ser inventor.

A los doce años, sin olvidar su pasión por los experimentos, consideró que estaba en su mano ganar dinero contante y sonante materializando alguna de sus buenas ocurrencias. Su primera iniciativa fue vender periódicos y chucherías en el tren que hacía el trayecto de Port Huron a Detroit. Había estallado la Guerra de Secesión y los viajeros estaban ávidos de noticias. Edison convenció a los telegrafistas de la línea férrea para que expusieran en los tablones de anuncios de las estaciones breves titulares sobre el desarrollo de la contienda, sin olvidar añadir al pie que los detalles completos aparecían en los periódicos; esos periódicos los vendía el propio Edison en el tren y no hay que decir que se los quitaban de las manos. Al mismo tiempo, compraba sin cesar revistas científicas, libros y aparatos, y llegó a convertir el vagón de equipajes del convoy en un nuevo laboratorio. Aprendió a telegrafiar y, tras conseguir a bajo precio y de segunda mano una prensa de imprimir, comenzó a publicar un periódico por su cuenta, el Weekly Herald.

En los años siguientes, Edison peregrinó por diversas ciudades desempeñando labores de telegrafista en varias compañías y dedicando su tiempo libre a investigar. En Boston construyó un aparato para registrar automáticamente los votos y lo ofreció al Congreso. Los políticos consideraron que el invento era tan perfecto que no cabía otra posibilidad que rechazarlo. Ese mismo día, Edison tomó dos decisiones. En primer lugar, se juró que jamás inventaría nada que no fuera, además de novedoso, práctico y rentable. En segundo lugar, abandonó su carrera de telegrafista. Acto seguido formó una sociedad y se puso a trabajar.

Perfeccionó el telégrafo automático, inventó un aparato para transmitir las oscilaciones de los valores bursátiles, colaboró en la construcción de la primera máquina de escribir y dio aplicación práctica al teléfono mediante la adopción del micrófono de carbón. Su nombre empezó a ser conocido, sus inventos ya le reportaban beneficios y Edison pudo comprar maquinaria y contratar obreros. Para él no contaban las horas. Era muy exigente con su personal y le gustaba que trabajase a destajo, con lo que los resultados eran frecuentemente positivos.
A los veintinueve años cuando compró un extenso terreno en la aldea de Menlo Park, cerca de Nueva York, e hizo construir allí un nuevo taller y una residencia para su familia. Edison se había casado a finales de 1871 con Mary Stilwell; la nota más destacada de la boda fue el trabajo que le costó al padrino hacer que el novio se pusiera unos guantes blancos para la ceremonia. Ahora debía sostener un hogar y se dedicó, con más ahínco si cabe, a trabajos productivos.

Su principal virtud era sin duda su extraordinaria capacidad de trabajo. Cualquier detalle en el curso de sus investigaciones le hacía vislumbrar la posibilidad de un nuevo hallazgo. Recién instalado en Menlo Park, se hallaba sin embargo totalmente concentrado en un nuevo aparato para grabar vibraciones sonoras. La idea ya era antigua e incluso se había logrado registrar sonidos en un cilindro de cera, pero nadie había logrado reproducirlos. Edison trabajó día y noche en el proyecto y al fin, en agosto de 1877, entregó a uno de sus técnicos un extraño boceto, diciéndole que construyese aquel artilugio sin pérdida de tiempo. Al fin, Edison conectó la máquina. Todos pudieron escuchar una canción que había entonado uno de los empleados minutos antes. Edison acababa de culminar uno de sus grandes inventos: el fonógrafo. Pero no todo eran triunfos. Muchas de las investigaciones iniciadas por Edison terminaron en sonoros fracasos. Cuando las pruebas no eran satisfactorias, experimentaba con nuevos materiales, los combinaba de modo diferente y seguía intentándolo.

En abril de 1879, Edison abordó las investigaciones sobre la luz eléctrica. La competencia era muy enconada y varios laboratorios habían patentado ya sus lámparas. El problema consistía en encontrar un material capaz de mantener una bombilla encendida largo tiempo. Después de probar diversos elementos con resultados negativos, Edison encontró por fin el filamento de bambú carbonizado. Inmediatamente adquirió grandes cantidades de bambú y, haciendo gala de su pragmatismo, instaló un taller para fabricar él mismo las bombillas. Luego, para demostrar que el alumbrado eléctrico era más económico que el de gas, empezó a vender sus lámparas a cuarenta centavos, aunque a él fabricarlas le costase más de un dólar; su objetivo era hacer que aumentase la demanda para poder producirlas en grandes cantidades y rebajar los costes por unidad. En poco tiempo consiguió que cada bombilla le costase treinta y siete centavos: el negocio empezó a marchar como la seda.

Su fama se propagó por el mundo a medida que la luz eléctrica se imponía. Edison, que tras la muerte de su primera esposa había vuelto a casarse, visitó Europa y fue recibido en olor de multitudes. De regreso en los Estados Unidos creó diversas empresas y continuó trabajando con el mismo ardor de siempre. Todos sus inventos eran patentados y explotados de inmediato, y no tardaban en producir beneficios sustanciosos. Entretanto, el trabajo parecía mantenerlo en forma. Su única preocupación en materia de salud consistía en no ganar peso. Era irregular en sus comidas, se acostaba tarde y se levantaba temprano, nunca hizo deporte de ninguna clase y a menudo mascaba tabaco. Pero lo más sorprendente de su carácter era su invulnerabilidad ante el desaliento. Ningún contratiempo era capaz de desanimarlo.

En los años veinte, sus conciudadanos le señalaron en las encuestas como el hombre más grande de Estados Unidos. Incluso el Congreso se ocupó de su fama, calculándose que Edison había añadido un promedio de treinta millones de dólares al año a la riqueza nacional por un periodo de medio siglo. Nunca antes se había tasado con tal exactitud algo tan intangible como el genio. Su popularidad llegó a ser inmensa. En 1927 fue nombrado miembro de la National Academy of Sciences y al año siguiente el presidente Coolidge le hizo entrega de una medalla de oro que para él había hecho grabar el Congreso. Tenía ochenta y cuatro años cuando un ataque de uremia abatió sus últimas energías.
Fuente: www.biografiasyvidas.com

jueves, 24 de junio de 2010

CARLOS GARDEL


A 75 años de su muerte
Carlos Gardel nació con el nombre de Charles Romuald Gardes en la ciudad de Toulouse (Francia), el 11 de diciembre de 1890. Hijo de Berta Gardes y padre desconocido, cruzó el mar junto a su madre para ir a vivir a la ciudad de Buenos Aires hacia 1893. Gardel comenzó su actividad artística hacia finales de la primera década del siglo veinte, acompañándose con guitarra e interpretando el repertorio que estaba en boga entre los cantores de época. Intentaría formar varios dúos, hasta que hacia 1912 conformaría el dúo Martino – Gardes (todavía no había modificado su apellido).

Junto con “Pancho” Martino realizaron una gira por el interior del país, sin mayor éxito; asimismo Carlos debutará discográficamente ese año. Al regreso se incorporó Razzano a la agrupación, y más tarde también se sumó Saúl Salinas. Este cuarteto realizó también una gira por la provincia de Buenos Aires, durante la cual desertarán Salinas y más tarde Martino. En 1913 el dúo Gardel – Razzano debuta en el Armenonville y comienza a adquirir cierto prestigio. Realizan algunas actuaciones en Chile, Uruguay y Brasil, actuando con relativo éxito. De regreso en Buenos Aires incorporan al guitarrista José Ricardo, con lo que Gardel comienza a desentenderse de la faceta instrumental. En 1917 Carlos canta en público “Mi noche triste”, de Pascual Contursi y Samuel Castriota, y ese mismo año filma la película silente “Flor de durazno”.

Ese mismo año el dúo graba sus primeros discos, y al año siguiente Gardel graba los primeros tangos, entre los que se incluyen “Mi noche triste” y “Flor de fango”. En 1923 el dúo actúa en España y al regresar graban un disco con la orquesta de Francisco Canaro. En 1924 es el turno del debut en radio: son convocados por Splendid para interpretar algunas canciones. Un año después Razzano se retira del canto, pasando a ser el representante de Gardel, quien inicia su carrera como solista. Después de una larga gira por España y Francia donde actúa en los más importantes escenarios, regresa a Buenos Aires y hacia 1930 filma algunos cortos bajo la dirección de Eduardo Morera. Retorna a Europa; donde filma en “Luces de Buenos Aires” y graba en París discos para el sello Odeón. Una etapa importante se inicia en 1932 cuando se incorpora Alfredo Le Pera al “staff gardeliano”; juntos escribirán varios tangos que serán incorporados a las nuevas películas filmadas para la Paramount en Joinville, así como Le Pera será el encargado de confeccionar los guiones para las mismas. Las películas son un éxito comercial, por lo que Gardel decide viajar a Estados Unidos para intentar filmar en dicho país. Firma un nuevo contrato con la productora Paramount para hacer nuevas películas, las que se concretan durante los años 1934 y 1935. Todas las canciones cantadas por Gardel en estas películas son grabadas por la empresa RCA Víctor.

En abril de 1935 inicia una gira por Latinoamérica que finaliza en la ciudad de Medellín, en Colombia, cuando el 24 de junio el avión que los transportaba rumbo a Cali se estrella durante el despegue, muriendo el cantor y casi toda la delegación. A partir de ese día la figura de Carlos Gardel adquiere dimensiones mitológicas.
Fuente: http://www.gardelbiografia.com.ar

martes, 22 de junio de 2010

ARCO DE ORO


“Todos piden a coro… Jugos Arco de Oro!”

La historia reciente divide a los que ven a la Planta Fabril de capitales sampedrinos más importante que tuvo San Pedro, como una sucesión de trámites, convocatoria, quiebra y remates; de aquellos, que guardan en su corazón la epopeya de llegar al país y al mundo con productos genuinamente fabricados en la ciudad, con una calidad que aún hoy, resulta envidiable.

Corría el año 1959 y Don Orlando Ferrari junto al visionario Osvaldo Tuero, decidían arriesgarse en una aventura o “emprendimiento” como se lo llamaría en nuestros días. Probarían suerte en el “mundo del dulce”, el martes 13 de Febrero de ese año inaugurando Arco de Oro, sin imaginar que algún día ese nombre recorrería el país entero, y que sus productos estarían en la mesa de millones de familias argentinas. Ferrari, amante del campo y las vacas siempre de bombachas, botas y pañuelo rojo al cuello, apareció un día en la oficina de seguros La Comercial de Rosario de Don Tuero, un hombre que sólo tenía sexto grado, que se había criado en el campo de modo humilde, repartiendo leche del tambo de su padre Don Anselmo, arriba de un sulky, mientras estudiaba. Festejaba su cumpleaños dos veces al año, porque su madre le había contado que el día que él nació llovía estrepitosamente en el campo, era un 12 de Junio, y como en aquel entonces sólo se tomaba la fecha en la que se inscribía en el Registro Civil a los niños, para los argentinos él había llegado a este mundo un 18 de ese mismo mes. Así, pues cada año se rendía homenaje a sí mismo, durante toda una semana. Amaba la ópera, porque llegaba a la fibra más intima de su ser, decía que “volvía más humano a los hombres”. Cada noche se dormía con ella, era su amante fiel, y cuidaba su sueño hasta las 6 de la mañana, hora en la que amaneció absolutamente todos los días su vida. Inteligente, terco, gruñón, sensible, tenía un olfato especial para los negocios, adelantado para su época, siempre pensaba en que algo más se podía hacer. Los manjares de la vida siempre fueron su debilidad, más que las mujeres, un plato elaborado acompañado de un buen vino, seguido de un sabor dulce, eran un ritual que mantuvo hasta sus últimos días. Era amado y odiado por todos al mismo tiempo. Pero lo que nadie puede negar es la admiración que siempre despertó en todos aquellos que lo conocieron. Qué lucha señor!! Osvaldo Tuero era el segundo de cuatro hermanos, hijo de Don Anselmo y Doña Teresa, recorría el pueblo llevando leche a casi todos los hogares sampedrinos. Así conoció a Irma, la mujer que le daría dos hijos y que trabajaría toda una vida junto a él. Cuando recién se casaron Don Osvaldo se subía a una camioneta cargada de fruta, naranjas o duraznos según la época y la vendía en Baradero. Su vehículo era reconocido por todos los vecinos porque tenía una leyenda: “Qué lucha señor!!. Más tarde, Irma puso una verdulería y Osvaldo, que para entonces había comprado un camioncito, viajaba todos los días al mercado a traer mercadería para ellos y otros comerciantes de la ciudad. Para ese entonces, sólo tenían a Norma, su hija mayor. Los años pasaron y todo iba bien hasta que se enteraron que otro bebé estaba en camino, así fue que decidieron cerrar el negocio y Don Tuero por ofrecimiento de un conocido de Baradero, abrió una oficina con la representación de los conocidos Seguros La comercial de Rosario, que por aquel entonces era una de las más prestigiosas compañías aseguradoras del país.

Susana Tuffilli consigue su primer trabajo con él y fue más tarde, la primera empleada que tuvo Arco de Oro. A fines de ese mismo año, Orlando Ferrari tocaba la puerta para ofrecerle un negocio a Tuero, en el que él por su porpia cuenta ya había fracasado. Fabricar dulces de batata y de membrillo. La primer Paila Don Anselmo Tuero, padre de Osvaldo, tenía un galpón al lado de su casa, donde guardaban el alimento y los utensilios del tambo. Desde hacía un par de años ya no funcionaba y el lugar estaba en desuso. Así fue que lo acondicionaron y montaron la primer paila, que sólo revolvía y funcionaba con una caldera a leña a la que había que estarle encima constantemente. Arco de Oro comenzaba a funcionar. Los panes de 2kg. con sabor a batata y a membrillo, se vendían en toda la zona. El camioncito que en un primer momento cargaba fruta, luego distribuía el manjar que formaba parte del tradicional postre nacional “Vigilante”, más conocido como “queso y dulce”. Esta costumbre nació para suplantar la falta de fruta de estación y luego se adoptó en todos lo ámbitos y lugares. La fábrica no paraba de crecer y los pedidos eran cada vez mayores. Osvaldo Tuero se encargaba de la parte comercial y Orlando Ferrari de la producción. En los primeros tiempos, sólo había empleados de sexo masculino y la única mujer que se encargaba de las tareas administrativas era Susana Tuffilli, quién tenía su escritorio en la casa de familia de Don Tuero, ubicada en Ruiz Moreno 720 y desde allí funcionaba la administración. Pablito clavó un clavito Una idea innovadora en el mercado, fue el pancito de dulce individual, hasta el momento sólo se vendía el pan de 2 Kg. fraccionado, en todos los almacenes. Arco de Oro decidió ofrecer una opción de 250 Grs. que venía en una cajita de madera artesanal. Las maderitas cortadas se distribuían por las casas de familias que aceptaban el trabajo y clavaban las partes para dar forma al precario envase. La camioneta pasaba puerta por puerta dejando tablitas de distintas medidas y recogía cajitas de madera. Todos los días se hacía el recorrido. Cualquiera que pregunte, seguramente encontrará algún vecino, tío, abuelo, o simplemente conocido que clavó cajitas para la fábrica. En 5 años habían crecido mucho, demasiado y todo indicaba que nada podía detener el monstruo que fabricaba dulce. Se fueron modernizando las máquinas y pasaron a tener pailas que directamente fabricaban todo el proceso y sólo debía envasarse. Las mujeres comenzaron a formar parte del galpón y el espacio resultaba chico. El terreno de enfrente era el ideal. Así fue que cruzaron la calle y montaron otro galpón, más oficinas administrativas y se llenaron de ideas nuevas. El Hombre llegaba a la luna y Arco de Oro se iba a pique En el año 1969, una crisis muy profunda invadió las cuentas y puso los libros contables en rojo. Todo indicaba que los nuevos proyectos no tenían ningún resultado positivo. La única opción de todas las que probaron y que fue rentable, era la producción de mermelada. Ni el vino, ni el dulce en hojalata, porque era costoso en ese entonces, ni los caramelos que se traían desde Arroyito, daban ganancias, más bien pérdidas. Todo indicaba que el fin de este proyecto era inminente. Para entonces muchas eran las familias que participaban de esta Industria, y la posibilidad de quedarse sin nada, asustaba a todos. Pero el milagro llegó. Por aquel entonces, el gobierno de Perón comenzó a dar algunos créditos para impulsar el desarrollo industrial en el país y Arco de Oro fue uno de los afortunados en recibir el empujón que necesitaba. Se modernizó la planta, se compraron máquinas nuevas, se construyó un aserradero, piletones donde se hacía la famosa fruta abrillantada, se modernizaron las calderas y se comenzó con la fabricación del jugo de fruta natural. La participación en todas las Exposiciones Industriales del País provocaron la expansión de los productos de la marca. Si bien lo habían hecho siempre, y desde el primer año, La Rural nunca se había privado de su presencia, optaron por recorrer, el país. Así fue que para cuando llegó la democracia, Arco de Oro entregaba dulce en todo el norte y centro de Argentina. Río Negro era el límite sur y Formosa el norte.

Nadie se privaba del deleite de los productos del lugar. Llegó a tener una flota de camiones de última generación. Y todo salía desde aquí, de San Pedro. Economía popular En la fábrica trabajaban alrededor de 150 empleados, número que variaba de acuerdo a las épocas de producción. La particularidad destacable, es que siempre se priorizó la ciudad para todo. La batata, se compraba a los productores locales y cuando estos no podían abastecerlos más, recién allí salían a recorrer la zona. Lo mismo se daba con la sandía, materia prima de la fruta abrillantada que se vendía a todos los fabricantes de pan dulce del país. Marcolla, Valente, Canale y Los Dos Chinos, entre otros, se aseguraban cada año la producción de Arco de Oro. El membrillo se traía de Catamarca, La Rioja, Mendoza, San Juan y Santiago del Estero. Arco de Oro estaba en San Pedro, pero todo el país estaba vinculado de alguna manera con la fábrica. El primer almanaque La visión de Tuero para los negocios siempre fue admirable, por alguna razón era un adelantado para su época en función de muchos aspectos de la comercialización.

Un día, a comienzos de la década del 70, decidió realizar un almanaque que regalaría a todos por igual, proveedores, clientes, repartidores, consumidores, entre otros. Pero tenía que ser de lo mejor. Así fue que se trasladaron a Buenos Aires a un estudio de fotografía profesional y publicidad donde llevó a su primer nieto como modelo. Fernando Bravo, en ese entonces todavía Tito Pocholú para los sampedrinos, lo recibió y acompaño en toda la campaña. Siempre fueron grandes amigos a pesar de la diferencia de edad, y aunque Don Tuero podría ser su padre, la afinidad en ciertas ideas los mantuvo cerca. Así fue que Arco de Oro tuvo su primer campaña publicitaria y su primer almanaque. De ahí en más, la seguidilla de souvenirs no se hizo esperar. Había vajilla de todo tipo, agendas, anotadores, lapiceras, ceniceros, todo de primerísima calidad y con el logo de la marca. Seguramente, en muchos hogares de nuestra ciudad todavía se conserva gran parte de estos objetos. Los 90 de Menem Arco de Oro era un monstruo inalcanzable, la marca era conocida en todo el país y sus productos también. Había depósitos repartidos por las principales provincias y las grandes cadenas de supermercados venían a pedirle que participe de sus góndolas. La producción tenía superávit casi todos los años, a punto tal, que si la fábrica dejaba de producir por dos años completos, podía abastecer a todas sus bocas normalmente. Pero la crisis no se hizo esperar, el gobierno de Carlos Menem, con sus políticas económicas del primer mundo, arrastró a muchas industrias nacionales, y en esa lista se encontraba Arco de Oro. A pesar de los esfuerzos de sus dueños, la situación se volvió insostenible y las chimeneas dejaron de humear. El cierre de Arco de Oro, dejó sin trabajo a muchas familias, y el efecto dominó causó estragos. La ciudad completa sintió el cimbronazo y muchos comerciantes también bajaron sus persianas. El lugar se entristeció, y con el tiempo la “Justicia” se encargó de disgregar lo poco que quedaba del lugar. Las políticas económicas se llevaron el sueño de muchos sampedrinos y el de la fábrica. Sólo quedan retazos de escombros que alguna vez cobijaron risas, tristezas, anécdotas, alegrías, y ansias de progreso.

Muchos sembraron su futuro allí, muchos dieron su vida, pero lo que la mayoría no sabe, es que cada uno de sus empleados siempre se consideró parte y dueño de Arco de Oro, porque ese lugar trascendía a sus dueños, la planta tenía vida propia, sus paredes , sus olores, su gente, cada uno era indispensable, cada uno era parte de un monumento al trabajo, a las ganas de progresar, al deseo de ser, a sentirse que, con esfuerzo trabajo y empeño se puede. Tal vez con los años nadie sepa por qué ese barrio se llama Arco de Oro, pero ese nombre quedará siempre en el corazón de los sampedrinos. El último capítulo El pasado sábado, fue para muchos el más doloroso. Además de quienes siguen la noticia de la quiebra, esperando cobrar un dinero que ya se han llevado síndicos, abogados y contadores, están los que asistieron al remate de los últimos bienes de la planta. Todo viejo y a precio vil, sin contemplar el esfuerzo que se hizo sólo para soñar con semejantes maquinarias. El barrio entero, verá en la presente generación, como aquella zona industrial se transformará en barrio residencial, pero los más viejos no olvidarán nunca, el ruido a clavo sobre madera que le aseguró subsitencia a decenas de familias sampedrinas.

Publicado por “ La opinión semanario” www.laopinionsemanario.com.ar

EL SAXOFÓN

Saxofón alto


De la familia orquestal, solo el tenor en do, el soprano en do, y el mezzo-soprano en fa (similar al alto moderno) han llegado a alcanzar popularidad. El tenor en do, habitualmente conocido como saxofón melódico en do, fue muy popular entre los principiantes entre los años 1920 y los principios de 1930, porque los que tocaban no tenían que transponer. Aunque el instrumento fue popularizado por músicos como Rudy Wiedoeft y Frank Trumbauer, esto no le aseguró un lugar en el jazz o la música clásica. Los melódicos en do se siguieron fabricando a lo largo de 1930 después de que su popularidad inicial decayera, aunque se convirtieron en un artículo especial de encargo en los catálogos de algunos fabricantes. Estos instrumentos se encuentran hoy en día fácilmente en áticos o garajes como reliquias en venta, si bien desde 1980 solo unos pocos saxofonistas contemporáneos han comenzado a utilizar este instrumento de nuevo.

El saxofón fue creado a mitad de la década 1840 por Adolphe Sax, un fabricante de instrumentos y clarinetista nacido en Dinant (Bélgica) que trabajaba en París, y salió a la luz oficialmente con la patente de 1846 (que le fue concedida el 17 de mayo). Hizo 14 tipos distintos de saxofones. La asombrosa habilidad de Sax para ofender a los fabricantes rivales de instrumentos y los desafortunados prejuicios existentes respecto a su persona e instrumentos condujeron a que el saxofón no se utilizara en las orquestas, quedando relegado durante un largo periodo a las bandas militares, a pesar de su gran amistad con algunos influyentes compositores parisinos como Berlioz.

Es desconocido el origen de la inspiración que le llevó a crear el instrumento, pero hay una clara evidencia que apunta a encajar una boquilla de clarinete a un figle usando las llaves del oboe como su origen más probable (hacer esto conduce sin duda alguna a un sonido parecido al del saxofón). Sax trabajó en el taller de su padre durante muchos años, y en él fabricaban tanto clarinetes como figles. El tarogato húngaro/rumano, que es bastante similar al saxofón soprano, ha sido también señalado como posible inspiración. Sin embargo, esto no puede ser así, porque el tarogato moderno que dispone de una boquilla de una caña no fue desarrollado hasta 1890, mucho después del invento del saxofón. Lo más verosímil, no obstante, es que que efectivamente Sax intentara crear un instrumento totalmente nuevo que encajara tanto tonalmente como técnicamente con la idea que tenía en mente y que tuviera un nuevo nivel de flexibilidad. Esto explicaría que eligiera nombrar al instrumento como la "voz de Sax".

El desarrollo esta definido casi enteramente en términos de la patente de Sax. Durante la duración de la patente (1846-1866) nadie excepto la fábrica de Sax en París pudo legalmente fabricar o modificar el instrumento. Después de 1866 se introdujeron muchas modificaciones que llevaron a cabo diversos fabricantes.

La mayoría de los saxofones usados en la actualidad son: El soprano, el alto, el tenor y el barítono.

martes, 15 de junio de 2010

CAMPOS ELECTRO MAGNETICOS



La introducción de los siguientes artículos están tomados de la página:


Invito a leerlos en su totalidad.

Campos Electro-Magnéticos y Salud: Estado actual.
Claudio Gómez-Perretta
(Jefe de Unidad del Centro Investigación Hospital Universitario "La Fe" de Valencia -España)
email: gomez_cla@gva.es

A veces parece que se intenta más no dañar los intereses económicos de las empresas proveedoras que proteger la salud de los ciudadanos.

Introducción

La electrificación en los paises industrializados ha ido incrementando progresivamente el nivel medio de exposición a los campos electromagnéticos (CEM) de baja frecuencia a los cuales están expuestos la población; esos CEM están sustancialmente por encima de los CEM naturales de aproximadamente 10(-4) Vm y aproximadamente 10(-13)T, respectivamente. Varios estudios epidemiológicos han concluído que la exposición a CEM está asociada a un aumento de riesgo de contraer cáncer particularmente las leucemias en los niños.

TELEFONIA MÓVIL Y SALUD:
Claudio Gómez-Perretta

(Jefe de Unidad del Centro de Investigación del Hospital Universitario "La Fe" de Valencia - España)
gomez_cla@gva.es

Los teléfonos celulares (TC) y sus estaciones “relais” emiten ondas electromagnéticas complejas que pertenecen a las radiaciones no ionizantes. Estas son hiperfrecuencias (o microondas) con un frecuencia de 900 megaHertz (MHz) para el sistema GSM y 1800 MHz para el sistema DCS (Digital Cellular System). Estas hiperfrecuencias están próximas a las generadas por los microndas domésticos que funcionan en 2450 MHz sin que pueda excluirse que en los próximos teléfonos móviles utilizen esta frecuencia. Las potencias emitidas por los teléfonos celulares son inferiores a las de sus estaciones: De 1 a 2 Watios para los portátiles, 7 a 8 Watios para los de coche y de varias decenas de Watios para las estaciones.

En el caso de esta tecnología se pueden considerar dos tipos de exposiciones: Una exposición de campo próxima y otra exposición lejana.

La primera caracteriza la exposición a la utilización del TC. En este caso, la radiación electromagnética se emite directamente en contacto con la cabeza. Una gran parte (70 a 80 %) de esta energía generada por el portátil penetra en la cabeza hasta alcanzar una profundidad de varios centímetros suficientes como para alcanzar diversas estructuras nerviosas como las meninges, el nervio óptico, el hipotálamo y que podría llegar a aumentar la temperatura del cerebro del orden de un grado. A la vista de los resultados con modelos de cráneos artificiales se ha podido evidenciar que existe una morfometría individual que modula las diferencias interepersonales a esta exposición electromagnética destacando una mayor penetración en los casos de cráneos infantiles con respecto a los de adultos.

EMILIO HOMPS


El paso del mediodía camina paralelamente a la tranquilidad que otorga la plaza céntrica de Olivos, con la iglesia que se mantiene abierta pero que en pocos minutos cerrará sus puertas hasta la tarde, y con las vías del tren de la costa que no funciona, por lo que el único “ruido” cercano no está presente. Toda esta serenidad va de la mano con el protagonista de la historia. Con el primer medallista olímpico que tuvo San Pedro: Emilio Carlos Homps, para quien el único apuro puede llegar en algunos momentos, a la hora de la siesta. Aquí vive el ganador de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, en yáchting clase 6m., una especialidad que ya no existe.

A 60 años de la que fuera la primera medalla para el yáchting y con 94 de edad (los cumplió el 28 de setiembre) él mismo alega que no escucha del todo bien, pero lo que mantiene intacta es su memoria, por momentos asombrosa, al punto de recordar religiosamente todas las medallas olímpicas obtenidas por la Argentina en aquellos juegos: las 3 doradas (el atleta Delfo Cabrera y los boxeadores Pascual Pérez y Rafael Iglesias), las 3 plateadas (la atleta Noemí Simonetto, el tirador Enrique Sáenz Valiente y el equipo de yáchting que integraba), y la única de bronce (el boxeador Mauro Cía) y no se olvida - por si hiciera falta algo más - de resaltar la del maratonista rosarino por la importancia de esta prueba en los juegos.

Su comienzo en la náutica es una ecuación que tiene del otro lado al espejo de agua sampedrino. “Mi padre tenía un barco grande y lo vendió. Quedó un botecito y entonces con mi hermano le pusimos un palo y una vela y así empezamos. Y, aunque después tuve que mejorar acá en Olivos, aprendimos en la Laguna de San Pedro nosotros solos”. La memoria de Emilio Homps no descansa cuando se trata de recordar lo que fue la historia del “Djinn” (Duende), el barco con el que el yáchting inauguraría la serie de medallas para su deporte. “En ese momento estaba en venta en Estados Unidos donde había ganado la Copa de Oro, era una verdadera joya: totalmente de madera y con dos velas de algodón. La Asociación Argentina de Yáchting decidió comprar un Star y un 6m. y para eso le pidió al gobierno el dinero. Pero había un ministro que se llamaba Miguel Miranda, que dijo que no ponía un centavo. Sin embargo, gracias a Rufino Rodríguez de la Torre, que integraba nuestro equipo y era profesor de yáchting de la Escuela Naval, conseguimos que la Marina comprara el barco”. Al barco volvió a verlo hace unos años: “Un amigo que se llama Luis Zunino, un sampedrino que es prefecto retirado, nos dijo que estaba en un astillero cerca de La Plata y allá fuimos con Rivadermar (N. de la R: otro integrante del aquel equipo). Lo había comprado un carpintero para repararlo y venderlo. ‘Esto no se construye más - nos dijo - es una obra de ebanistería y carpintería de muchos años’. Los artesanos que había en el país, que todavía quedan algunos, eran tan buenos como los norteamericanos”, apunta con la referencia permanente al barco medallista.

Londres ’48 son los Juegos Olímpicos que vuelven al presente. Y Emilio Homps rememora que el “Djinn” estaba esperándolos cuando llegaron a la capital inglesa pero, al margen de las regatas, lo curioso - o no tanto - fue que compartían con los ingleses la comida porque, aunque la guerra había terminado, a los dueños de casa no les sobraba nada y había algunas restricciones. “El gobierno había mandado toneladas de comida y bebida: quesos, dulce de leche, carne. La verdad es que no extrañábamos nada de la Argentina”. No hubo desfile inaugural para ellos porque las regatas se desarrollaron en la bahía de Torquinst, distante unos 100 kilómetros de la sede olímpica. “Sí estuvimos en una inauguración solamente para el yáchting. Nos contaban que desde ese lugar partió una de las flotas más grandes de barcos en la 2ª Guerra Mundial, para la invasión del continente”.

- ¿Qué recuerda de las regatas?

- Que nos fue muy bien. En la primera regata estábamos primeros pero el cambio de viento nos retrasó. Cometimos algunos errores tácticos como querer esquivar algunos barcos de otra serie que estaba corriendo en el mismo triángulo y navegamos de más. De lo contrario posiblemente hubiéramos sido campeones olímpicos. La última regata se corrió en muy malas condiciones, y aunque la ganamos, el barco norteamericano nos superó por poco en la clasificación general.

- ¿Cómo llegó a correr en aquella clase?

- Hay una historia detrás. Yo corría en la Clase Dragón como timonel y en la clasificación estaba ganando. Hubo un cambio de viento y eso provocó que un oficial de regata corriera una boya, lo que me perjudicó y quedé segundo detrás de Roberto Sieburger, entonces como una manera de resarcirme, los Sieburger me invitaron a correr en la Clase 6m. y fui con ellos.

La memoria de Homps está a prueba de cualquier contingencia climática, por ejemplo para contar que no tuvieron un recibimiento acorde a lo que habían logrado porque la política se mezcló con el deporte, como tantas otras veces en el país (“A nosotros nos gustaba la náutica y nada más, no pretendíamos confrontar con ningún gobierno”), que finalizados los juegos viajaron a Francia y desde allí recorrieron en moto la costa mediterránea (“Presenciamos el título del mundo que consiguió Vilar Castex en Mallorca”), que conoció a Julio Alsogaray en una entrega de premios de la Prefectura Naval (“Vino a saludarme y me dijo que quería llegar a los Juegos Olímpicos, y en estos juegos lo consiguió”), que a los 12 años ganó una competencia de natación en el Club Náutico San Pedro y que a los 18, en el Tigre, se impuso en una regata internacional de remo y, por si fuera poco, también jugó al rugby y con el Club Olivos obtuvo 3 campeonatos en la década del ’40, junto a 3 hermanos.

Emilio Homps llegó al año de vida a San Pedro y vivió hasta los 14, luego se trasladó a Buenos Aires y regresó a la ciudad para poner un negocio de artículos deportivos, hasta el anclaje definitivo en Olivos. El timonel que había aprendido a navegar aquí integró, junto a Enrique Sieburger (padre e hijo), Julio Sieburger, Rodolfo Rivademar y Rufino Rodríguez de la Torre aquel equipo que fue parte de una delegación nacional protagonista de aquellos juegos, al punto de ser - igual que en Amsterdam ’28 - los de mejor rendimiento en nuestra historia olímpica.

(168 Horas – viernes 14 de julio) El Concejo Deliberante de Vicente López sancionó un decreto por el cual declara “Vecino destacado en el deporte” de la Ciudad de Vicente López, al Sr. Emilio Carlos Homps, a la vez que otorgó el “Diploma de Honor” emitido por el H.C.D. según lo establecido por la ordenanza correspondiente.El decreto sancionado tiene en cuenta que Homps se radicó, junto a su familia en Olivos, en el año 1929; que desarrolló una rica y vasta experiencia deportiva durante gran parte de su vida en el ámbito local, Nacional e Internacional; que, apenas arribado a Olivos inició su acercamiento al Remo en el club Regatas La Marina, siendo, sin embargo, el yachting, su verdadera vocación y a fines de la década del ’30 se asocia a Yacht Club Olivos;

Su carrera deportiva está galardonada por la medalla Olímpica en la especialidad, clase Internacional, en Londres 1948, tripulando el “Duende” y que fue múltiple campeón de remo durante los años 1932-33.


El Decreto señala que “Emilio Homps, fue múltiple campeón de Rugby, actuando en las filas del Olivos Rugby Club, obteniendo los únicos títulos del club, hasta la fecha, y en el que permaneció por diez años, jugando en la primera división siendo, además, seleccionado para representar a la Unión de Rugby del Río de la Plata y que por lo expuesto, se impone un reconocimiento a tan vasta trayectoria en las actividades deportivas, siendo un verdadero orgullo para la Comunidad de Vicente López”.

Colaboración: Eduardo Campos

lunes, 14 de junio de 2010

LIGA DEPORTIVA SAMPEDRINA

Antiguo edificio, hoy sede de la Liga Deportiva Sampedrina

Ha setenta y ocho años de su fundación

El Club Unido (hoy propiedad del Centro de Comercio e Industria) no por ser uno de los más antiguos sino dueño de una sede importante, fue el lugar elegido por quienes tenían la intención de fundar alguna nueva institución. Así ocurrió con el Club Náutico y también con quienes el 4 de junio de 1932 decidieron fundar la Liga Deportiva Sampedrina.

Fueron sus promotores e integrantes del primer Consejo Directivo don Matías Ruiz como Presidente, Dr. Julio Oulé Vicepresidente, Carlos Confeta Secretario, Francisco Olaso Prosecretario, Juan Benito Tesorero, Oscar D. Suárez Protesorero, y como Vocales: José Dotti, Pacífico Farabollini, Carlos Temporiti, Ernesto Maggio, José Arcuri y Aurelio Dieguez.

Fueron fundadores: Paraná Fútbol Club, Atlético San Pedro, Club A. Mitre, Agricultores F. Club, Club Las Palmeras, Club Central Córdoba, Club La Esperanza y Club Sol de Mayo.

La institución apoyada por sus 18 instituciones afiliadas en aquel momento, adquirió en 1972 la sede ubicada en la esquina de la calle Mitre y Fr. C. J. Rodríguez donde funcionara el Banco Hipotecario y luego el Banco Español del Río de la Plata.

Fuente: Historia Documental de San Pedro Américo Piccagli

Clubes actuales:

San Pedro: Agricultores, América. Mitre, La Esperanza, Las Palmeras, Defensores Unidos, Independencia, Tablense, Sportivo Doyle, General San Martín ; Banfield, Paraná y Sportivo La Roca.

Baradero: Atletico, Sportivo, Rivadavia, Fundición y Alsina.


miércoles, 9 de junio de 2010

LA RADIO

Lee de Forest

LA RADIO: UN INVENTO QUE CAMBIÓ AL MUNDO

A finales del siglo XVIII y principios del XIX se investigaron simultáneamente las teorías de la electricidad y el magnetismo. En 1819, el físico danés Hans Christian Oersted llevó a cabo un importante descubrimiento al observar que una aguja magnética podía ser desviada por una corriente eléctrica.

En 1831, el científico británico Michael Faraday descubrió que el movimiento de un imán en las proximidades de un cable induce en éste una corriente eléctrica; este efecto era inverso al hallado por Oersted. Así, Oersted demostró que una corriente eléctrica crea un campo magnético, mientras que Faraday demostró que puede emplearse un campo magnético para crear una corriente eléctrica.

Tomando como base los experimentos anteriores el físico escocés James Clerck Maxwell publicó, en el año 1873, su “Tratado de la electricidad y el magnetismo” en la que detalla las características de las ondas electromagnéticas diciendo, entre otras cosas, que era posible trasmitir las mismas a través del éter.

En el año 1877. el físico alemán Enrique Hertz, utilizando un carrete o bobina de Ruhmkorff que producía una oscilación de alta frecuencia y un resonador que recibía esas oscilaciones en forma de un pequeño centelleo o chispa demostró prácticamente la exactitud de esta teoría.

La demostración realizado por Enrique Hertz tuvo amplia difusión llevando a muchos científicos a ampliar los experimentos, entre ellos, Esteban Popov en Rusia, Sir Oliver Lodge en Inglaterra, Eduardo Bradley en Francia , Guillermo Marconi en Italia, Nicola Tesla en Estados Unidos etc. quienes perfeccionaron el invento de Hertz logrando, entre otras mejoras, cubrir mayores distancias transmitiendo solamente señales eléctricas hasta que en el año 1906, precisamente un 24 de diciembre, cuando el físico canadiense, radicado en Estados Unidos, Reginald Aubrey Fessenden, transmitió por primera vez la voz humana.

Con el invento de la primera lámpara de radio, el diodo, por John Ambrose Fleming, en el año 1904 y el triodo, llamado “audión” por su inventor Lee de Forest en el año 1906 las comunicaciones inalámbricas tuvieron un desarrollo, quizá impensado, para esos pioneros pero que, comenzaron a tener difusión en forma masiva después de la finalización de la primera guerra mundial, año 1918 ya que hasta entonces, este medio de comunicación era considerado “secreto militar”

JAVIER PEÑOÑORI

Compositor, guitarrista y escritor argentino , nacido en San Pedro, a orillas del río Paraná, Provincia de Buenos Aires. Es allí donde da a conocer públicamente sus primeras composiciones . Inicia sus estudios musicales a la edad de 5 años, guiado por su madre, maestra rural; también con su maestro músico y compositor José Riziutti.


Sus primeros conciertos los realiza a la edad de 6 años en la Biblioteca Popular Rafael Obligado de su ciudad natal. Dentro de su repertorio abarca musica del genero folklorico, nacional y latinoamericano, tango y musica clásica.
Entre los maestros que han orientado y guiado al compositor, se encuentran:
Roberto Lara, Jorge Martínez Zárate, Zulema Sagreras, Lucila Saab,
Abel Carlevaro , Aníbal Arias y Atahualpa Yupanqui.

Los diversos escenarios europeos conocen el sonido de su guitarra. Asi también las pcias argentinas y principales salas de Capital Federal.
Emprende gira exitosa por países de Europa, recorriendo ciudades
como Praga (Rep. Checa), París (Francia), Madrid (España),
Bilbao(País Vasco), Londres, lugares cuyo público toma contacto con sus composiciones y grabaciones.

Fuente: www.javierpenonori.unlugar.com

ALMACÉN DELL`ACQUA (Rio Tala)


ALMACEN DELL’ACQUA

Por los años 1925, la familia Dell’Acqua, vivía en los campos de Muro, donde trabajaban en agricultura. El que sería después nuestro Padre, (don Ramón, para el común de la gente Luis) abrió un almacén en el paraje la Celina, estando allí y concurriendo a los bailes de Arrecifes conoció a nuestra madre, Rosa Cuñer, que vivía en ese lugar.

Después de unos años decidió trasladarse a Río Tala, construyendo una vivienda y local destinado a instalar un almacén, frente a la carnicería de Tettamanti, casándose en al año 30; allí nacimos Hugo y yo, mis recuerdos de niña son hermosos.

Todas la mañanas muy temprano, mi Padre, abría el almacén con el mate en la mano y el primer cliente que llegaba a tomar su caña era Benito Tettamanti; recuerdo las estanterías repletas de mercaderías, entre otras cosas, la Ginebra Llave y Bols, en su botella de barro cocido que luego se usaba para calentar los pies, la Hesperidina Bagley y su botella en forma de barril, la caña Piragua, la yerba que venía en bolsas cilindricas cuyas tapas de madera se usaban como ruedas para hacer carritos, las alpargatas Rueda, la yerba en paquetes Meta fierro y Safac, cuya publicidad era un avión que escribía su nombre con humo en el cielo, los cajones de madera donde se almacenaba yerba, azúcar en terrones, fideos etc. que se vendían suelto, envuelto en papel de estraza, los mostradores, la balanza de platos con sus pesas de bronce, un mueble con tapa de vidrio donde era mi deleite mirar las cosas que en el había; seguía el despacho de bebidas y las infaltables mesas con bancos, donde despuntaban el vicio los jugadores de truco y tute cabrero; y la heladera a hielo de madera con sus estantes llenos de bebidas que, fue suplantada tiempo después, con una que funcionaba a kerosén.

Se llenaba de parroquianos y de mujeres para hacer sus compras, la mayoría con libretas de las cuales, muchas se pagaban al levantar la cosecha, ustedes se preguntaran, ¿ que pasaba si fallaba la cosecha?, como todo negocio tenía sus riesgos; las conversaciones amables y nosotros, muchas veces en el medio, éramos sacados por nuestros tíos mandándonos con nuestra madre, ¡no nos gustaba! pero en es época había que obedecer.

El surtidor a manija para la venta de nafta Shell, los sulkys y caballos atados en el palenque o algún árbol y algunos coches que indicaban que alguna cosecha había sido muy buena.

A pesar de haber quedado muchas cuentas sin pagar y mucho trabajar, mi Padre hizo construir en nuestro patio una casa para la abuela Rosa y los tíos solteros.

Mas tarde se anexó la venta de aceite emulsionable que se usaba para la cura de vegetales, estando a cargo de la venta y reparto mi tío Gerónimo, como así también la compra de batatas que se enviaban al mercado Dorrego en Buenos Aires, donde alguna vez acompañaba a mi tío Santiago manejando el camión.

También, nuestro almacén fue, mas de una vez, punto de reunión para la construcción de la capilla y de reuniones políticas; el Padre Celeste iba muy seguido y tenía sus largas conversaciones y discusiones, recuerdo que se había organizado una gran fiesta y estaba por llover y el padre decía “la providencia nos va a ayudar” y así fue, resultó todo en éxito.

De lo que no me cabe duda es de que la nuestra fue una linda familia, muy felices, con alegría y problemas, como puede suceder en cualquier otra.

Colaboración de la Sra Elsa Dell´Acqua.