FOTOS HISTORICAS

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TALLER DE MIMBRERÍA LA ESCUELA DE ARTESANOS

jueves, 9 de febrero de 2017

ESCRIBANOS SAMPEDRINOS





ESCRIBANOS DE OTROS TIEMPOS

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.”
                                                                 Armando Tejada Gómez

    Al evocar la configuración de la sociedad sampedrina desde la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, surge el interés por sus integrantes que se desempeñaron en distintas actividades, entre ellos los escribanos.
     Esta profesión es una de las más antiguas que existen y sus funciones han ido evolucionando con el tiempo. Entre los pueblos de la antigüedad, egipcios, hebreos, griegos y romanos, y sobre todo en Grecia, existió un tipo de escribas o funcionarios con alguna semejanza a los escribanos de la actualidad. Una tarea  por su naturaleza tan delicada como honorífica y respetable, pues en ellos estaba depositada la fe pública: los griegos no admitían para ejercerla sino a sujetos distinguidos por su lealtad, su rectitud y su ciencia.
    

    
  Antes de la invención de la escritura alfabética, los actos se celebraban oralmente, ya sea en presencia de testigos, o mediante ceremonias destinadas a perpetuar la memoria de los mismos. Pero a medida que evolucionaron las civilizaciones, los contratos verbales fueron sustituidos por la expresión escrita, y con la aparición de estos documentos surgieron también los notarios, que eran los funcionarios encargados de su redacción. Lo que caracteriza al sistema notarial en la actualidad es la exigencia de que el escribano sea un profesional del derecho, con título de abogado, que debe ser nombrado por el Poder Ejecutivo. Debe además aprobar exámenes e interpretar a las partes de una manera imparcial. En el año 1965, se realizó en México el VIII Congreso Internacional del Notariado y en la sesión plenaria, la delegación del Ecuador propuso el siguiente Decálogo para los notarios, tal vez inspirado en los antiguos requerimientos de los griegos: Honra tu ministerio / Abstente, si la más leve duda opaca la transparencia de tu actuación  /  Rinde culto a la verdad  /  Obra con prudencia  /  Estudia con pasión /  Asesora con lealtad  /  Inspírate en la equidad  /   Cíñete a la ley  /  Ejerce con dignidad  /  Recuerda que tu misión es "evitar contienda entre los hombres".

    
    El periódico El Independiente publicaba el aviso del señor Alejandro Duval, antiguo escribano de San Pedro y Jefe de la primera sección del Registro del Estado Civil de las Personas, quien regenteaba desde 1873 la única escribanía pública que había en esa época, resguardando sus correspondientes archivos y protocolos, y de la que estuvo a cargo hasta los primeros meses de 1892. Su oficina estaba ubicada en la calle 25 de Mayo, entre las de Puerto y Defensa, casa de don Juan Rocca, donde ofrecía sus servicios profesionales en todo género de escrituras y contratos, civiles y comerciales: poderes, ventas, hipotecas y  diversas clases de títulos. Cabe recordar que ya en el siglo XX esa vieja casona fue durante muchos años la sede del comité de la UCR. En octubre de 1896 fue nombrado Jefe del Registro Civil del Partido cuya sede fue instalada en ese mismo domicilio. Rodeado de la consideración de sus vecinos y después de más de treinta años de residencia en San Pedro, el señor Alejandro Duval murió en esta ciudad el 31 de julio de 1909.

   
    El escribano público señor Manuel Mira, se hizo cargo en abril de 1892 del registro administrado hasta entonces y durante tantos años por don Alejandro Duval, y participaba al público que había instalado su oficina  al lado de la de Correos y Telégrafos Nacionales, donde ofrecía su asistencia profesional en todo tipo de contratos civiles y comerciales. Su actuación se extendió hasta octubre del  año 1896, cuando se lo desplazó acusado de negligencia por negarse a inscribir el nacimiento de una niña, postergando este trámite para el día siguiente sin que tampoco procediera a registrar esa partida. La niña falleció y se le negó el permiso de entierro, fundándose en que no estaba inscripto su nacimiento. Esta situación irregular dio lugar a la intervención del Inspector del Registro Civil Dr. José Andrade quien después del correspondiente sumario decretó la destitución de don Manuel Mira en octubre de 1896.

   
   
 Para  hacerse cargo  del registro que  dejaba vacante el escribano  cesante se
originaba en abril de 1906 la llegada del escribano Miguel Ángel Rojas Bosch, de quien el periódico resaltaba “las brillantes prendas de honorabilidad y competencia que lo adornan.”  En mayo de 1906, este profesional instaló su escribanía en la calle Buenos Aires N° 81, Hotel de Semino, y en octubre de dicho año se trasladó a la calle Carlos Pellegrini 452, al lado del taller mecánico de los señores Stein. Cuando el 12 de enero de 1908 se renovó la Comisión Directiva del Club Unido, Miguel Ángel Rojas Bosch fue designado para el cargo de vicepresidente, lo que daría por sentada su aprobación en el seno de la sociedad local, sin presentir que todo terminaría tan bruscamente pocos meses después. En la noche del martes 14 de abril de 1908 y dentro del edificio del entonces Club Unido, hoy Centro de Comercio e Industria, se produjo un lamentable suceso entre los señores Miguel Ángel Rojas Bosch y Darío Oscar de Las Heras, ocasionado según la información del periódico a raíz de un breve cambio de palabras entre las personas nombradas, motivadas según se dice por asuntos personales que existían entre ambos.

     A consecuencia de los disparos  resultó  mortalmente  herido el  joven  Darío de Las Heras. Pero ya en noviembre de 1908, en virtud de la sentencia dictada por el juez del crimen Dr. Thorne que entendía en la causa, el Sr. Miguel Ángel Rojas Bosch salió en libertad. Según las fuentes, el juez lo absolvió de culpa y cargo por haber obrado en uso de legítima defensa. El Independiente publicaba el 8 de agosto de 1909 que los  escribanos  públicos señores Claudio C. Insúa y Miguel A. Rojas Bosch, habían permutado los registros que regenteaban en esta ciudad y Colón, pasando el Sr. Rojas a este último pueblo y estableciéndose en la localidad el Sr. Insúa. De esta manera Rojas Bosch se alejaba definitivamente de un ambiente que se habría tornado adverso para su desempeño, concluyendo así su desafortunada estadía en San Pedro.
    
    El escribano público Amancio Millán comunicaba que desde el día 10 de febrero su oficina de contratos públicos quedaría instalada en la calle Defensa 187, al lado del Banco de La Nación Argentina y frente a la domicilio del señor Justo Oro Sarmiento, también calle Quiroga Nº 77. Después de varios cambios, el domicilio y la oficina de este escribano perduraron en el recuerdo, ubicados en la hermosa y antigua casona dela calle Pellegrini al 850, donde vivió con su familia después de contraer enlace en septiembre de 1909 con Leopoldina Machado.
Tiempo después, el periódico publicaba el aviso del escribano Mariano Etcheverry que establecía su oficina de contratos públicos en la calle Facundo Quiroga 59, antigua casa del escribano Mira. En septiembre de 1910 fue propuesto por el Juez de Instrucción para ocupar una de las secretarías del nuevo juzgado, por lo que debió presentar su renuncia, alejándose de San Pedro.
      
    El P.E. nombró en su reemplazo al escribano Juan M, Arana quien para facilitar a los ciudadanos de la localidad el cumplimiento de la ley de enrolamiento, dispuso que la oficina funcionara los domingos y días de fiesta, alcanzando al número de 1073 enrolados hasta el 22 de octubre de 1911, siendo el plazo fijado el 16 de noviembre.
   En noviembre de 1910, El Independiente comunicaba que el escribano y jefe de la segunda sección del Registro Civil local, señor Américo V. Moreno, había sido nombrado inspector de la Suprema Corte de Justicia, y que “su alejamiento de la localidad será muy lamentado por sus buenas condiciones de funcionario y de caballero.”
    En diciembre de 1911 el P.E de la provincia le concedió al joven escribano sampedrino Gregorio Soulé y Ruiz Moreno la regencia de la oficina de contratos públicos, administrada anteriormente por Manuel Mira y luego por Miguel Rojas
Bosch. La nueva escribanía se instaló en una antigua casa de la calle Liniers, entre 25 de Mayo y Belgrano, dejando atrás las  penosas experiencias de sus
anteriores colegas. Se había casado con Elvira Larco, y en noviembre de 1911 según El Independiente, después de largos afanes y sacrificios había rendido un brillante examen ante la Corte, mereciendo el honroso título de escribano público.

   Otro escribano que ejerció su actividad durante buena parte del siglo XX fue don Luis Oliveri, quien había establecido su vivienda  familiar y su oficina en la antigua casa ubicada en Mitre al 500. Durante muchos años los sampedrinos contaron con  la asistencia de este honorable y reconocido profesional.
     Con el natural transcurrir de los tiempos y hasta hoy, nuevos escribanos se desempeñaron eficientemente en San Pedro, por lo que resulta justo y necesario contemplar el pasado e intentar una reseña que transmita el recuerdo de sus antecesores, de viejos sitios, de interesantes anécdotas y valiosas enseñanzas.
                                                                                             Colaboración: Julia McInerny

Fuentes:
          Periódico El Independiente:
 Archivo. Números:  2 - 26 - 230 - 236 - 849 - 902 - 904  - 960 -  958 - 968 - 1015 - 1019    

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