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viernes, 7 de octubre de 2016

CACHO PASCUAL


Este es un reportaje publicado en la revista “Sucesos en treinta días dirigida por el señor Sergio Sabino”.

Quien que no sea muy joven no se acuerda de Cacho Pascual, quien no lo recuerda en los trenes que años a teníamos con su acordeón a piano y sus imitaciones de distintos instrumento, quizá muchos se han olvidado de él, hoy cumpliría 85 años
Lo vamos a recordar con una nota aparecida en la revista “Sucesos en Treinta Días” que editaba el señor Sergio Sabino

“Yo, Miguel Pascual  Amer nací el 7 de octubre de  1931 soy hijo de Catalina Amer, argentina, oriunda del partido de Púan, Provincia de Buenos Aires y de Don Miguel Pascual, de Manacor, Islas  Baleares. Llegué al mundo en Villa Iris.

Buenos Aires, en plena Pampa con sus inconmensurables médanos y donde  el Pampero con su furia embravecida golpea la cara endureciendo  la piel de los hombres  que  con profundo  amor y sacrificio trabajan la tierra haciendo Patria. Mabel y Dolly, hermanas mellizas, Oscar y Melchor completan luego  la familia. Mi padre trabajó como  encargado  de  aguada y puestero de distintas estancias. Estábamos por entonces en Jacinto Araoz. Alguna vez  el arreglo de molinos y perforaciones   fue también  cometido de la familia Pascual. “Cacho “Pascual  pudo  entonces  ingresar  a una escuela de no videntes. Nueve meses pasaba en el internado y solo tres de vacaciones con mi familia. En el 49 fui a Pigué. Allí  tuve  contacto con mi primer  instrumento musical.


Era el comienzo de mi aspiración máxima de entonces: no ser una carga para mis padres. Un músico de aquella ciudad, José  Amadio, el Intendente Arturo Jaureguiberry, autoridades de  la  comuna y nacionales, obreros municipales y del molino harinero de Pigué  hicieron posible  que recibiese el instrumento. Eran tantas las ganas de aprender a tocar aquella acordeón que al tercer día de tenerla ya sacaba más o menos bien un vals .El  maestro Amadjo  se encargó gratuitamente de todo mi aprendizaje.
En 1951 vinimos a San Pedro. Nos radicamos en el campo. Mi padre alquiló unas hectáreas. Yo con mi acordeón a Piano trabajaba cada día más y llegué a  ahorrar  algún dinero. Mi tesoro fue aumentando en forma incalculable: todos  los días  lograba un amigo más, trataba de comprender y que me comprendieran, establecía en mi  raciocinio la importancia do querer y ser querido, los valores de las  relaciones  humanas, la verdad misma de  la vida.



El   13 de  agosto de  1966  vinimos a vivir  a  la casita  que  compré con la ayuda de mi padre. Yo realizaba continuamente giras, Tratando de perfeccionarme  en  la  imitación de instrumentes de una banda. Busco tener siempre bajo mis pies piso de madera hueco para poder lograr los sonidos de sótano acústico y lograr los ritmos de percusión del bombo. Los demás   instrumentos  son  logrados con la boca y el   acordeón   sirve de complemento, claro  que  al margen de mis imitaciones realizo cualquier tipo de interpretación musical  con que amenizo fiestas, bailes y reuniones sociales.
Durante  algún tiempo tuve un representante con el  que organizaba mis ciclos, hoy    lo hago solo. En  1971 año en  que  perdí  a mi padre terminé con el sistema. Ahora estoy en casa con mi  familia y desde ella parto  y retorno  cada día. Tengo  a mi   madre, mis  hermanos y cuñados y tres  hermosos sobrinos Cuando me preguntan cuántos hermanos somos yo digo siempre ocho aunque en  realidad  somos cinco, porque cuento  a mis  cuñados como tres  hermanos más.

Ahora  vivo  junto  a  ellos, sigo realizando Shows, peñas  bailables, visito  ancianos, niños, brindo actuaciones para entidades benéficas gratis, y para todo  lo que realmen­te sea provecho y para bien de nuestros  semejantes. Recuerdo palabras de   Luis Braile, aquel que siendo  ciego   inventó el sistema de escritura y   lectura para no videntes. “Que todo  lo que ha sido mal   para mí, sirva como bien para mis semejantes".
Desde chico  siempre me gustaba andar en   las  faldas de   las personas maduras, los ancianos, diría yo. Me  emocionaba mucho  sentir sus dichos, sus  bailes, una ranchera bailada por ellos, sus zapateos y requiebros creaban en mi momentos de mucha felicidad  que si fuese vidente estoy  seguro no podría sentir del mismo modo. Quiero mucho a  la gente, creo en el   ser humano  y  en  los  valores morales que lo enmarcan.

Por  eso  yo   le pido a usted, que dirige y diagrama SUCESOS, que no hable de todo esto en su revista como de Cacho Pascual artista o músico, hable de Cacho Pascual   ser  humano, no se olvide que de nada vale todos los conocimientos musicales si  no soy un buen ser humano. Yo tengo constantemente  buena  predisposición.  Creo que  la gente son todos mis hermanos. He descubierto que no toda la juventud está desvencijada, habrá tal   vez un porcentaje de ella que toma a  veces  caminos difíciles, ¿pero al  final se ha de reencontrar con su destino?.
Por eso hablé del Cacho Pascual  que   le digo, no importa el  músico  o el Showman. que  se imaginen  a un no vidente en su casa, junto a su  madre  en  Bonorino  270, en   la modesta barriada de  Villa   Igóillo o en un  rancho, en una  tapera en medio del   campo, con  cortinados de bolsas y sin puertas con un bracerito de tres patas y un fogón mateador.  Que me  imaginen en el medio de las arenas pampeanas que me vieron crecer,  que me dibujen de cualquier modo, pero con formas y  color y esencia de ser humano. Cuando yo estoy en una fiesta entablo muy a menudo corrientes de entendimiento  con  la gente sin que  a veces se den cuenta. Un  codo sobre el corazón de un anciano o el con tacto de nuestras manos sirve para que  en mi  condición de no vidente pueda entablar  a través del tacto  una  corrientes de intercambios, de comunicación, Sigo mis caminos, como dijo el poeta, a los cuatro vientos y   logrando amigos con mi acordeón compañera de penas y alegrías.

Las notas que de ellas salen son el afecto que siento por mis semejantes desde mi nacimiento, Desde ese nacimiento que sabe Dios porqué  tuvo que producirse sin mis ojos. La gente alguna vez dejará de decir, aprenderá a dejar de decir ¡qué lástima! ¡es ciego!  y ya  verán como todo  se puede lograr, como  se puede sobrellevar. Yo lo  logré poniendo por sobre la necesidad de ganar dinero  con mi música el vuelco de amor en cada nota para    los  que me escuchan. El mejor sostén es el amor, Nuestro afecto. Nuestras obras. El bien en cada instante. La herencia de la buena  educación, las buenas costumbres  y el respeto y el cariño por nuestros semejantes que nos dejaron nuestros padres.






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