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lunes, 21 de octubre de 2013

REPORTAJE A RADIOAFICIONADOS


CUATRO RADIOAFICIONADOS CUENTAN SUS EXPERIENCIAS EN LA COMUNICACIÓN

AÑOS DE RADIO

Desde principios de siglo ya se experimentaba en el país. En 1924 se produjo la primera comunicación desde San Pedro. Así comenzaron a funcionar los radioaficionados. ¿Quiénes son? ¿Qué es lo que hacen? ¿Cumplen una tarea importante dentro de la comunidad? Estas preguntas, y algunas más también, las responden cuatro de ellos.

La radio practicada como pasatiempo, con el propósito de adquirir conocimientos, hacer experimentos y entablar comunicados con todas partes del mundo, puede ser la definición más certera sobre lo que es la radioafición. Los reporteados agregan que sirve para cosechar amigos y que especialmente están al servicio de la sociedad en cualquier emergencia.
Héctor Blas (la licencia en actividad más antigua), Femando Chiodini (tesorero del Radio Club San Pedro y diexista), Horacio Bertani (el único que trabaja en telegrafía) y Roberto Díaz (el primero que posee sistemas digitales) contaron lo que se puede realizar con una pequeña estación de radio: la comunicación con todo el mundo.


-¿Cómo empezó cada uno de ustedes con la radioafición?
-Yo empecé en 1954. Tenía 14 años y ya me gustaba todo lo que tenía que ver con la radio. En ese momento ingresé en la categoría novicios y luego fui subiendo. (Héctor Blas).
-Comencé a los 15 años con distintos experimentos que tenían que ver con la radio. Inclusive construí una radio a galena. También llegué a tener una estación de radio de las que ahora llaman "truchas". Se escuchaba solamente en la ciudad. Hace 20 años que tengo la licencia para operar. (Fernando Chiodini).
-Yo obtuve la licencia en el año 1970. Por supuesto que también me gustaba experimentar con los elementos de electrónica. (Horacio Bertani).
-En 1965 comencé a armar mi equipo de radio y fui progresando y agregando cosas, hasta llegar a los sistemas digitales, que también lo hice yo. Para la radioafición se necesita saber algo sobre el tema, porque si no, ni siquiera le otorgan la licencia. (Roberto Díaz).

-¿Quen entrega esa licencia actualmente?
-Actualmente hay que gestionar la licencia ante C.N.T., que es la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, pero no es forma personal, sino por medio de un Radio Club reconocido. (F.Ch).

-¿San Pedro tiene Radio Club?
-Sí. Está ubicado en la calle Emilio Frers 255 y se fundó el 26 de mayo de 1972. Actualmente se está reorganizando y se ha enviado la documentación correspondiente para obtener nuevamente la Personería Jurídica, trámite indispensable para ser reconocido por la C.N.T. (F.Ch.).
-En este momento para cualquier caso que aparezca, hay que recurrir al Radio Club de San Nicolás. (H. Bertani).

-Ustedes dicen que la radioafición sirve para entablar contactos con todo el mundo, para casos de emergencia, pero ¿hay algún tipo de prohibición para hablar?
-Sí, porque uno está a disposición del Poder Ejecutivo. No se puede hablar de religión, ni de política, de nada que pueda implicar a alguien porque la radioafición es para casos de emergencia o para pasar datos técnicos: como funciona una antena, quien hace una prueba, que hay que mezclar en un equipo, o que equipo se está usando. Ese es el trabajo de un radioaficionado. Incursionar en otro campo -el comercial por ejemplo- equivale a otro nivel, y en ese caso hay que pagar. Lo que sucede con una radio. (H. Blas).
-Se llama a un radioaficionado cuando surge alguna emergencia, nada más. En el caso de una catástrofe, o en el caso de que no haya energía eléctrica, por el corte del cable coaxil. Un radioaficionado sale con batería y no tiene problemas. Las noticias agradables no se cursan por este medio. (F.Ch.).

-¿Hay alguna posibilidad de que ustedes queden incomunicados?
-No, porque siempre uno tiene otro equipo. Yo, por ejemplo, tengo otro en la camioneta y uno más en mi casa que generalmente no uso. Sólo lo dejo para casos excepcionales, y si ninguno de mis equipos anduviera voy a la casa de un amigo y me comunico desde allí. Por eso no hay ninguna posibilidad de quedar incomunicados. (F.Ch.).

 Los radioaficionados en cifras
En San Pedro hay alrededor de 40 personas que tienen licencia para operar, pero las que se mantienen activas y poseen una estación de operaciones no superan las 15.
En la Argentina hay 32.000 radioaficionados y en el mundo 1.100.000. EE.UU. es el país que más tiene: son 500.000, en tanto que Zanzíbar (con 1), Burundi y Cabo Verde (con 2) y Emiratos Árabes (con 3) son los que menos poseen.
Comienzos
En la República Argentina las experiencias se iniciaron a principios de siglo y el primer decreto reglamentando la actividad fue promulgado por el Gobierno Nacional el 15 de octubre de 1913. Las licencias las otorgaba el Ministerio de Marina, y el Radio Club Argentino se fundó el 21 de octubre de 1921 y tuvo como primer presidente al Capitán de Fragata Luís María Orlandini. En este organismo también participaron Enrique Susini y César Guerrico, los médicos que tuvieron que ver con la creación de la primera radio funcional en el mundo.
La primera comunicación que esta documentada en San Pedro se produjo el 5 de noviembre de 1924 con una estación de Nueva Zelandia (D A 8). Entre los primeros que comenzaron con la actividad se encuentran Serafín Biscaldi, Francisco Chico, Manuel Prelato, Pablo Homps y el Dr. Solari, entre otros.

 -¿Es muy costoso instalar una estación de radio?
-No demasiado. Lo que ocurre es que antes era muy normal que uno mismo armara la radio con material de rezago y el costo era muy bajo, pero hoy en día son muy contados los que lo hacen. Un poco porque el avance de la electrónica ha sido muy importante y se necesitan muchos más conocimientos y además el material hay que adquirirlo nuevo y conviene más comprarlo (ya sea nuevo o usado) a precios accesibles. (F.Ch.).
-Hoy en día no son muchos los radioaficionados que experimentan. Sólo en la par-
te de antenas (sistemas irradiantes), aunque no tanto en la parte electrónica. Incluso ya podes conectar una computadora a la radio (H. Blas>).
Hoy en día no son muchos los radioaficionados que experimentan solo en la parte  de antenas (sistemas irradiantes), aunque no tanto en la parte electrónica. Incluso ya podes conectar una computadora a la radio (H. Blas).

-¿Cómo es eso?
   -Bueno, lo que pasa es que todo ha ido progresando. La radio primero tuvo un transistor, luego apareció el chip, el micro-chip. La televisión color evolucionó, lo mismo que las videocasseteras. En la radio pasó lo mismo. Hoy ya casi no se arman equipos de radio porque uno no puede tener la tecnología que tienen las grandes fábricas. (R.D.).

-¿Cuándo aparecen los sistemas digitales?
 -Ya el sistema morse tiene algo de esto. Primero apareció el manipulador manual (punto y raya), luego el manipulador electrónico y allí se hicieron los primeros inter-fase, que dialoga con la computadoras y ésta con equipo de radio. Se llaman MODEM, porque modula y demodula. A raíz de esto surgieron nuevos sistemas que son más seguros que el morse. Los sistemas digitales mandan los "bip' y la suma de esos 'bip' comprueban la veracidad del mensaje. (R.D.).
 -¿Se llaman digitales porque se utilizan dos dígitos?
 -Exacto. Se usa el 0 y el 1. En las señales eléctricas, el 0 (cero) es masa y el 1 (uno) es tensión. Las informaciones eléctricas las manejan los chip y para eso hay códigos internacionales: cuando hay un solo dígito no hay inconvenientes, pero cuando son dos los dígitos se necesitan dos señales eléctricas, una combinación simple de dos números: puede ser cero y uno, uno y cero, dos ceros o dos unos. Hay cuatro combinaciones posibles, y a medida que la palabra se alarga, se amplía el número de combinaciones. (R.D.).

-¿Y la telegrafía, cómo funciona?
-La telegrafía merece un código especial, hay que aprender el alfabeto morse. Cuando se habla hay que traducir cada palabra. Se utiliza para hacer comunicados a gran distancia fundamentalmente. Pero para este tipo de códigos hay que especializarse. Claro que mucha gente no lo elige porque es más lento. (H. Bertani).
  
-Pero en cualquier sistema que se trabaje debe haber algún inconveniente con el idioma, ¿o no?
-Normalmente los radioficionados tienen algún conocimiento de español o inglés, pero en el último de los casos hay códigos internacionales que permiten un comunicado muy breve en el cual se menciona solamente la señal distintiva de la estación, la ciudad y el nombre del operador. Y si se quiere intercambian las tarjetas QSL, que se utilizan para confirmar los comunicados, se envían por medio de un Radio Club o se toman las direcciones de un manual especializado en el cual figuran los datos de todos los radioaficionados del mundo. (F. Ch.).

-¿Los manuales se compran?
-Sí, aunque generalmente se compran entre varios, porque son caros. Como no usan muy a menudo, los tiene uno solo en su casa y se lo solicita cuando es necesario. Pero con respecto a los códigos, se sabe que internacionalmente a la Argentina le corresponde la sigla LU, no sólo para nosotros, sino también a las radiemisoras. Los alemanes tienen DL, los chinos DY, los australianos VK, en Brasil es PY y en EE.UU. W. Así con todos los países del mundo. (F. Ch.).

¿Hay muchas radioaficionados que actúen encubiertamente?
-No es muy común. Pero los que existen lo hacen por la burocracia, que no les permite tener la licencia con rapidez. Pero esto trata de erradicarse, sobre todo en el interior, porque se descubre rápidamente. En Capital Federal y en las grandes ciudades probablemente sea más usual. (F. Ch.).
-Creo que hay algunos, pero pasan saludos y cosas por el estilo, pero nada que sea competitivo al teléfono o a otro medio de comunicación. La licencia es para adquirir conocimientos de cosas nuevas y para experimentar, aunque como decíamos hace un rato, hoy se experimenta con las antenas y nada más. (H. Blas).

-¿Cuántos metros necesita una antena?
-Mira, con los equipos que hay ahora no hace falta demasiada cantidad. Además depende de la banda en que trabaje cada uno. (H. Blas).
-Normalmente las antenas se cortan a media longitud de onda. O sea que si yo trabajo en la banda de 80 metros, necesito una antena de 40 metros. En mi casa tengo una antena direccional para las bandas  de 20, 15 y 10 metros. Trabajo en VHF y HF. Hay quienes lo hacen en UHF pero hay muy pocos y no se puede hablar con mucha gente. (F. Ch.).
-Acá hay una repetidora de VHF. Con esa puedo salir al aire sin necesidad de antena. (H. Blas).
-También hay una repetidora de UHF, pero no funciona. Lo importante de la otra es que uno puede hablar sin problemas a Buenos Aires, por ejemplo. Como la palabra lo indica retransmite el mensaje que se envía. (F. Ch.).

-Ustedes dicen que se puede innovar con respecto a las antenas, pero en los sistemas digitales también, porque las computadoras han avanzado...
-Por supuesto que sí. Las primeras computadoras trabajaban con 8 bip, luego con 16 y ahora hay alguna» que lo hacen con 32, porque el bus de datos es un reloj de gran velocidad. Hoy en día el sistema más usado es el packet radio. Si bien hay varios, está de moda el packet. (R.D.).

-¿Usted cuál usa?
-Yo tengo todos los sistemas, lo que pasa es que uno opta. En realidad son muy parecidos todos los que hay. El packet es muy bueno porque uno no necesariamente tiene que estar presente. Hay un correo electrónico: se puede depositar un mensaje en el MODEM y las máquinas trabajan solas. Si no recibe correctamente, lo vuelve a intentar. (R.D.).

-Además de estas ventajas, ¿qué otras hay con respecto a un radioaficionado común si éste se puede comunicar con todo el mundo?
-Yo me comunico indirectamente con todo el mundo. Hay programas de comunicación que se utilizan a través de los satélites. Todos estos programas son gratis, entonces si un señor en EE.UU. saca una versión nueva de un programa lo sube al satélite y a las dos horas está en la Argentina. Lo que hay que hacer es comunicarse con una base de datos terrestre y listo: ya tengo el programa que acaba de salir y lo puedo usar en mi computadora. Lo mismo ocurre si yo quiero hablar allá (a EE.UU.), voy a una base de datos, le doy la ruta y el operador ve a quien le conviene pasarlo; allí se compacta la información, se la sube al satélite y quien la reciba, va separando por país primero y por ciudad después. (R.D.).

-¿Las bases de datos están en las grandes ciudades?
-No necesariamente. Por ejemplo en Pergamino hay una base de datos, pero en San Nicolás no hay nadie que trabaje con sistemas digitales. Todas estas bases son gratis, son aficionados que se agrupan, nada más. Pero también hay bases de datos comerciales, que son pagas. Allí uno se comunica por teléfono y no por radio. (R.D.).

-¿Por qué hay tan pocos radioaficionados que tengan sistemas digitales?
-Porque tiene que coincidir que a una persona le interese la radio y la computación y además hay que tener tiempo para hablar y para armar el equipo porque necesita una antena, una computadora, rotores, MODEM, equipo de VHF, de UHF, cables buenos por que son de alta frecuencia y son caros y la persona tiene que especializarse por que aquí no se puede trabajar mas o menos. Todos son unos y ceros i si se prueba tanteando, no anda (R.D.)

-En los concursos para radioaficionados también se anota poca gente?
-Sí, pero realmente no sé el por qué. Cuando yo he participado llegaba a ser entre 30 y 35. No eran demasiados y quizá por ese motivo yo figuré adelante. Competí en campeonatos nacionales e internacionales. En el nivel nacional gané consecutivamente en el '88, '89 y '90. Pero no sirve para evaluar la capacidad operativa porque no entran todos. (H. Bertani).

-¿En qué consisten los concursos?
-Hay que tratar de hacer la mayor cantidad de contactos durante una hora y media aproximadamente. Existe la categoría multibanda (20,40 y 80 metros) y monobanda (80 metros solamente). Esto es a nivel nacional, porqué en los concursos internacionales son 48 horas, y comienza a las 0.00 del sábado (hora GMT). Los participantes son de todo el mundo, pero uno no sabe antes de empezar cuántos van a ser. Yo llegado a hacer algo más de 1000 contactos, pero hay quienes superan los 4000 y 5000. (H. Bertani).
-Pero los concursos ya no son como antes, porque como hablábamos hace un rato, ya no se arman los equipos. Yo salí tercero en el año '66, pero fue una alegría enorme porque todo lo había hecho yo solo. Era el orgullo de participar y salir bien ubicado compitiendo contra mejores equipos que los míos. Es como quien prepara un coche de carrera y sube al podio. Esa persona tocó el cielo con las manos. (H. Blas).

-¿Reciben muchas críticas los radioaficionados?
-En este momento no tanto, pero hace un tiempo, sí. El problema era que la televisión sufría interferencias. Ahora con el video cable no ocurre más. Pero en ese momento la gente no se daba cuenta de que el radioaficionado no estaba todo el día transmitiendo, por lo tanto no era el culpable de lo que ocurría en los televisores blanco y negro. (F. Ch.).

-Usted dijo al comienzo que era diexista, ¿qué significa?
-Diexismo proviene de una sigla inglesa: D.X. La D significa distancia y la X significa incógnita. Es la captación de emisoras de radio y televisión de todo el mundo. La que tiene más adeptos es la onda corta y transmite entre las frecuencias de 6000 y 22000 Kh. (kilohertz). La gran mayoría de los países (incluso Argentina) tiene emisoras internacionales que transmiten a todo el
mundo en diversos idiomas. Por ejemplo, Radio Moscú lo hace en 63 lenguas. En nuestro país existe la RA.E. (Radiodifusión Argentina al Exterior) que es muy escuchada en varios puntos del planeta. El diexista capta esas emisiones y se envía lo que se llama un informe de recepción y ellos le retribuyen con distintos materiales como banderines, calcos, revistas, bolsos, remeras, adornos et., muchos llegan pero algunos “se pierden en el camino”.

-¿Qué otra aparición le espera a la radio?
-Bueno, ya hay gente que está experimentando fax por radio. Tuvo auge, aunque ahora no tanto, la televisión de barrido lento en la cual se transmiten por radio imágenes fijas, pero requiere mucha capacitación y mucho dinero. (R.D.).
La radio, como los medios de comunicación, avanza. Seguramente quienes comenzaron a experimentar con ella pensaron lo mismo a principios de siglo. Aunque por momentos parezca un cuento de ciencia ficción y no una realidad. En 1920 o en 1993.


FUENTE: El Imparcial 26 de febrero de 1993 Periodista: José Miguel Güidi






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