FOTOS HISTORICAS

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ALMACEN EL CANTÁBRICO

martes, 15 de junio de 2010

EMILIO HOMPS


El paso del mediodía camina paralelamente a la tranquilidad que otorga la plaza céntrica de Olivos, con la iglesia que se mantiene abierta pero que en pocos minutos cerrará sus puertas hasta la tarde, y con las vías del tren de la costa que no funciona, por lo que el único “ruido” cercano no está presente. Toda esta serenidad va de la mano con el protagonista de la historia. Con el primer medallista olímpico que tuvo San Pedro: Emilio Carlos Homps, para quien el único apuro puede llegar en algunos momentos, a la hora de la siesta. Aquí vive el ganador de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, en yáchting clase 6m., una especialidad que ya no existe.

A 60 años de la que fuera la primera medalla para el yáchting y con 94 de edad (los cumplió el 28 de setiembre) él mismo alega que no escucha del todo bien, pero lo que mantiene intacta es su memoria, por momentos asombrosa, al punto de recordar religiosamente todas las medallas olímpicas obtenidas por la Argentina en aquellos juegos: las 3 doradas (el atleta Delfo Cabrera y los boxeadores Pascual Pérez y Rafael Iglesias), las 3 plateadas (la atleta Noemí Simonetto, el tirador Enrique Sáenz Valiente y el equipo de yáchting que integraba), y la única de bronce (el boxeador Mauro Cía) y no se olvida - por si hiciera falta algo más - de resaltar la del maratonista rosarino por la importancia de esta prueba en los juegos.

Su comienzo en la náutica es una ecuación que tiene del otro lado al espejo de agua sampedrino. “Mi padre tenía un barco grande y lo vendió. Quedó un botecito y entonces con mi hermano le pusimos un palo y una vela y así empezamos. Y, aunque después tuve que mejorar acá en Olivos, aprendimos en la Laguna de San Pedro nosotros solos”. La memoria de Emilio Homps no descansa cuando se trata de recordar lo que fue la historia del “Djinn” (Duende), el barco con el que el yáchting inauguraría la serie de medallas para su deporte. “En ese momento estaba en venta en Estados Unidos donde había ganado la Copa de Oro, era una verdadera joya: totalmente de madera y con dos velas de algodón. La Asociación Argentina de Yáchting decidió comprar un Star y un 6m. y para eso le pidió al gobierno el dinero. Pero había un ministro que se llamaba Miguel Miranda, que dijo que no ponía un centavo. Sin embargo, gracias a Rufino Rodríguez de la Torre, que integraba nuestro equipo y era profesor de yáchting de la Escuela Naval, conseguimos que la Marina comprara el barco”. Al barco volvió a verlo hace unos años: “Un amigo que se llama Luis Zunino, un sampedrino que es prefecto retirado, nos dijo que estaba en un astillero cerca de La Plata y allá fuimos con Rivadermar (N. de la R: otro integrante del aquel equipo). Lo había comprado un carpintero para repararlo y venderlo. ‘Esto no se construye más - nos dijo - es una obra de ebanistería y carpintería de muchos años’. Los artesanos que había en el país, que todavía quedan algunos, eran tan buenos como los norteamericanos”, apunta con la referencia permanente al barco medallista.

Londres ’48 son los Juegos Olímpicos que vuelven al presente. Y Emilio Homps rememora que el “Djinn” estaba esperándolos cuando llegaron a la capital inglesa pero, al margen de las regatas, lo curioso - o no tanto - fue que compartían con los ingleses la comida porque, aunque la guerra había terminado, a los dueños de casa no les sobraba nada y había algunas restricciones. “El gobierno había mandado toneladas de comida y bebida: quesos, dulce de leche, carne. La verdad es que no extrañábamos nada de la Argentina”. No hubo desfile inaugural para ellos porque las regatas se desarrollaron en la bahía de Torquinst, distante unos 100 kilómetros de la sede olímpica. “Sí estuvimos en una inauguración solamente para el yáchting. Nos contaban que desde ese lugar partió una de las flotas más grandes de barcos en la 2ª Guerra Mundial, para la invasión del continente”.

- ¿Qué recuerda de las regatas?

- Que nos fue muy bien. En la primera regata estábamos primeros pero el cambio de viento nos retrasó. Cometimos algunos errores tácticos como querer esquivar algunos barcos de otra serie que estaba corriendo en el mismo triángulo y navegamos de más. De lo contrario posiblemente hubiéramos sido campeones olímpicos. La última regata se corrió en muy malas condiciones, y aunque la ganamos, el barco norteamericano nos superó por poco en la clasificación general.

- ¿Cómo llegó a correr en aquella clase?

- Hay una historia detrás. Yo corría en la Clase Dragón como timonel y en la clasificación estaba ganando. Hubo un cambio de viento y eso provocó que un oficial de regata corriera una boya, lo que me perjudicó y quedé segundo detrás de Roberto Sieburger, entonces como una manera de resarcirme, los Sieburger me invitaron a correr en la Clase 6m. y fui con ellos.

La memoria de Homps está a prueba de cualquier contingencia climática, por ejemplo para contar que no tuvieron un recibimiento acorde a lo que habían logrado porque la política se mezcló con el deporte, como tantas otras veces en el país (“A nosotros nos gustaba la náutica y nada más, no pretendíamos confrontar con ningún gobierno”), que finalizados los juegos viajaron a Francia y desde allí recorrieron en moto la costa mediterránea (“Presenciamos el título del mundo que consiguió Vilar Castex en Mallorca”), que conoció a Julio Alsogaray en una entrega de premios de la Prefectura Naval (“Vino a saludarme y me dijo que quería llegar a los Juegos Olímpicos, y en estos juegos lo consiguió”), que a los 12 años ganó una competencia de natación en el Club Náutico San Pedro y que a los 18, en el Tigre, se impuso en una regata internacional de remo y, por si fuera poco, también jugó al rugby y con el Club Olivos obtuvo 3 campeonatos en la década del ’40, junto a 3 hermanos.

Emilio Homps llegó al año de vida a San Pedro y vivió hasta los 14, luego se trasladó a Buenos Aires y regresó a la ciudad para poner un negocio de artículos deportivos, hasta el anclaje definitivo en Olivos. El timonel que había aprendido a navegar aquí integró, junto a Enrique Sieburger (padre e hijo), Julio Sieburger, Rodolfo Rivademar y Rufino Rodríguez de la Torre aquel equipo que fue parte de una delegación nacional protagonista de aquellos juegos, al punto de ser - igual que en Amsterdam ’28 - los de mejor rendimiento en nuestra historia olímpica.

(168 Horas – viernes 14 de julio) El Concejo Deliberante de Vicente López sancionó un decreto por el cual declara “Vecino destacado en el deporte” de la Ciudad de Vicente López, al Sr. Emilio Carlos Homps, a la vez que otorgó el “Diploma de Honor” emitido por el H.C.D. según lo establecido por la ordenanza correspondiente.El decreto sancionado tiene en cuenta que Homps se radicó, junto a su familia en Olivos, en el año 1929; que desarrolló una rica y vasta experiencia deportiva durante gran parte de su vida en el ámbito local, Nacional e Internacional; que, apenas arribado a Olivos inició su acercamiento al Remo en el club Regatas La Marina, siendo, sin embargo, el yachting, su verdadera vocación y a fines de la década del ’30 se asocia a Yacht Club Olivos;

Su carrera deportiva está galardonada por la medalla Olímpica en la especialidad, clase Internacional, en Londres 1948, tripulando el “Duende” y que fue múltiple campeón de remo durante los años 1932-33.


El Decreto señala que “Emilio Homps, fue múltiple campeón de Rugby, actuando en las filas del Olivos Rugby Club, obteniendo los únicos títulos del club, hasta la fecha, y en el que permaneció por diez años, jugando en la primera división siendo, además, seleccionado para representar a la Unión de Rugby del Río de la Plata y que por lo expuesto, se impone un reconocimiento a tan vasta trayectoria en las actividades deportivas, siendo un verdadero orgullo para la Comunidad de Vicente López”.

Colaboración: Eduardo Campos

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