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sábado, 15 de mayo de 2010

PADRINAZGO PRESIDENCIAL


El padrinazgo presidencial, ley surgida de una leyenda

La gran cantidad de inmigrantes que recibió nuestro país a fines del siglo IXX y principios del XX introdujo mitos y costumbres que les eran propios. Se considera que la leyenda del Hombre Lobo europeo que llegó con los conquistadores españoles y portugueses, se encarnó en el Lobizón de nuestras tierras, una criatura mítica en la que se transforma el séptimo hijo varón cuando llega a la adolescencia, que merodea por los campos en las noches de luna llena, sobre todo si éstas caen en viernes, para asaltar a los viajeros o penetrar en las casas en busca de niños para saciar su sed de sangre. Recupera la forma humana durante el día y su muerte solo se garantiza con una bala de plata. En el caso de ser una séptima hija mujer, la fábula asegura que se convierte en bruja.

Esta creencia generó todo un problema porque, según cuentan las viejas historias, en algunos casos los séptimos hijos de estas familias eran abandonados por sus padres, regalados, e incluso asesinados. Para evitar estos inhumanos sacrificios, el rey o gobernante del país los apadrinaba, tranquilizando así a los padres que consideraban vencido el maleficio por el simple efecto de ese padrinazgo al que le atribuían influencias mágicas.

Cuando en 1907 Enrique Brost y Apolonia Holmann, una pareja alemana que había estado radicada en Rusia, dieron a luz a su séptimo hijo varón, José Brost, el 8 de octubre de 1907 en Coronel Pringles, le solicitaron por carta al por entonces presidente de la República Argentina que apadrinara al niño, pedido que fue aceptado y que en lo sucesivo quedó convertido en una tradición en nuestro país.

Cabe aclarar que este padrinazgo es simbólico, pues casi nunca el presidente de la nación está presente, sino que se suele designar una persona en su lugar para la ceremonia del bautismo. El séptimo hijo varón recibía una medalla de oro y una beca para todos sus estudios. En el año 1973, esta tradición se transformó en ley cuando el presidente Perón la legalizó a través del decreto 848; sin embargo la misma solo admitía a los hijos varones para ser apadrinados, lo que finalmente fue subsanado con el decreto reglamentario.

Otros cambios se introdujeron el 6 de octubre de 2009 que modificaron sustancialmente la situación al habilitar el padrinazgo al séptimo hijo ó hija quitando el requisito de que debían ser los siete hijos seguidos del mismo sexo: a partir de ahora, pueden estar intercalados. Modifica también el artículo que aseguraba el carácter gratuito de los estudios de los apadrinados y además estableció que los aspirantes al beneficio tendrán el derecho aún cuando el bautismo religioso no fuere el católico, y amplió el régimen al séptimo hijo varón o mujer de los convivientes de hecho y de padres o madres solteros.

Desde otro punto de vista, la mayoría de las familias argentinas poseedoras de un aceptable nivel de cultura, muy lejos estuvieron de la influencia de esos siniestros mitos esotéricos y solicitaron el padrinazgo presidencial por considerarlo una distinción, al sentirse honrados por esa aproximación espiritual del bautizado con el representante del máximo poder político.

Esta actitud se advierte en algunos bautismos que se efectuaron en San Pedro apadrinados por el presidente de la nación, que fueron registrados en los libros de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Socorro y que constan además en el archivo del viejo periódico El Independiente.

El 7 de septiembre de 1911, L61 F 146, el Padre Edmundo Flannery bautizó a Cirilo José MacNally y Cleary, séptimo hijo varón de Guillermo MacNally y Culligan y Ana Elisa Cleary y O’Leary, ambos argentinos, siendo sus padrinos el entonces presidente de la nación, doctor Roque Sáenz Peña, representado por Luis Felipe de Las Heras, intendente municipal, y Margarita O’ Leary, irlandesa. El bautizado recibió de su padrino una medalla de oro que conservó de por vida y a su muerte, fue guardada con el mayor cuidado por su hermana Brígida, la octava de los once hijos de esa caracterizada familia de origen irlandés radicada en la zona de Santa Lucía.

Poco tiempo después, el 25 de diciembre de 1911, L61 F285, se efectuó en el templo parroquial el bautismo de Pascual Corvino, séptimo hijo varón de los esposos Pascual Corvino e Isabel Silvestre, ambos italianos. En representación del presidente de la república, doctor Roque Sáenz Peña, actuó como padrino el intendente municipal interino Luis Felipe de Las Heras y como madrina la señorita María Elvira Soulé, argentina. Según El Independiente del 31 de diciembre de 1911, “Al teniente cura Pbro. Donato Seligrat le correspondió el honor de efectuar este bautismo, estando el bautisterio adornado con profusión de flores y luces, dándole a este acto todo el esplendor que fue posible.”

Al cubrir así las viejas y tenebrosas supersticiones importadas de lejanas tierras con un manto de respeto y sana alegría, la sociedad argentina de aquella época pudo evolucionar dejando atrás la oscura leyenda, hasta convertirla en un privilegio para el séptimo hijo, que se transmitía al conjunto de las personas involucradas en la ceremonia de su bautismo. Sabia actitud la de progresar enfrentando las dificultades.

Fuentes: Archivo parroquial: Libros de bautismos - Periódico El Independiente: archivo

Diccionario de Mitos y Leyendas - http://www.cuco.com.ar/

http://www.lacasadellobizon.com.ar/leyendas.htm

http://estudiolermer.com.ar/blog/?tag=padrinazgo-presidencial

http://www.loc.gov/law/

Colaboración Julia McInerny

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